No se conformaron con hacer los piquetes sobre la ruta a la altura de su pueblo, sino que ahora optaron por generarle enormes complicaciones a un universo mucho mayor de trabajadores, que ya de por sí vienen sufriendo las inclemencias del tiempo desde la semana pasada.
Para que las molestias se agigantaran, mantuvieron el piquete por cinco horas.
"¿Quién me va a pagar los remedios cuando me enferme por el frío que estoy tomando?", se escuchó de la triste voz de una mujer que cruzaba a pie, ante la mirada desafiante de unos cuatro, cinco, seis, ¿veinte? tipos que, con sus pecheras verdes, se cagaron literalmente en todos. Y con su jefe político ahí, Rodolfo Aguiar, quien se rasga las vestiduras por defender a los trabajadores. Eso sí, el bueno de Aguiar y sus compañeros liberaron el tránsito de a ratos. ¡Qué comprensivos!
Está claro igual que el gremialista no es el único responsable de lo que padecimos ayer. Hay una institución de la República a la que también parece que no le importa nada: la Justicia.
Señores jueces, hay personas a las que, algún día, nos gustaría que no pase más que cinco tipos, a su antojo, nos obliguen a miles a hacer malabares con nuestras vidas por un conflicto alejadísimo de la realidad de la gente.