Un menú digno de estrella Michelín, un árbol de película y un bonito pesebre, tus seres queridos llamando a la puerta para pasar juntos los días más mágicos del año, tu estudiado look de fiesta, “All I want for Christmas is you” sonando de fondo... Todo está en orden para que comiencen las fiestas, pero hay un detalle que no podrás pasar por alto si de verdad querés ser la anfitriona perfecta: la mesa de Navidad.
El rojo se antoja como el color protagonista de estos días, pero no es el único. El verde juega siempre un papel importante, al igual que el blanco, y los tonos metalizados, dorados y plata cobran cada vez mayor protagonismo en la decoración navideña. Por eso, estos tonos que invitan a la buena suerte, la esperanza, la paz y la celebración serán los que compongan la paleta con la que debés jugar a la hora de decorar tu mesa navideña.
Los elementos vegetales, tanto estrellas federales como musgo, muérdago, helecho o abeto, así como las maderas sin tratar, las piñas e, incluso, las frutas de temporada cada vez ganan más puntos a la hora de incorporar detalles naturales no sólo en centros de mesa, sino también en los mantelitos, meseros, servilleteros o adornos para las sillas. Además, no te olvides de las velas, que aportarán calidez y una agradable luz indirecta (eso sí, nada de velas perfumadas que alteren los aromas y sabores de tus platos). Por supuesto, la Navidad es el mejor momento para desempolvar tus mejores vajillas, cubiertos y todas esas joyas familiares que se pasan el resto del año archivadas en algún mueble esperando su ocasión estelar para aparecer en escena. Sin embargo, si no querés sufrir por los posibles accidentes (sobre todo en las mesas con niños), apostá por las mil y una opciones con estilo, pero mucho más baratas, que encontrarás ya decoradas con motivos navideños y los colores de estas fiestas. Además, como siempre, prestá atención a los detalles y no dudes en atreverte a hacer tus propios proyectos y personalizar la mesa con flores, rafias, lazos y telas. Cuanto más lindo, mejor.
Tentaciones
Pero además de la decoración y todo lo que entra por los ojos, está lo que entra por la boca: la comida. Y comprar alimentos puede desesperar si lo dejaste para último momento, sobre todo porque te queda la sensación de que estás comprando más caro y de peor calidad. En estos casos es importante, en vez de ponerte de acuerdo con el resto de los parientes en qué trae cada uno, que seas vos misma la que hará las compras; es una buena forma de controlar la relación entre el precio y la calidad. Y en vísperas del verano, ayuda poder eludir el exceso de grasas y azúcares (y los atracones). Si vas a comprar a algún híper porque justo te cierra el descuento que te hace el banco en la tarjeta, tené en cuenta que ahí la mayoría de los productos ya están envasados y eso es tierra fértil para equivocarte en las cantidades: mirá las etiquetas y tomate el tiempo de hacer la cuenta, relacionando la cantidad de comida con los comensales. Por eso, una lista de compras es fundamental para que el olvido no lleve a imprevistos que después cuestan plata, porque se repiten productos o, si te falta uno, tenés que salir corriendo el mismo 24 a las 6 de la tarde a comprar lo que sea para tapar un hueco incómodo.
Cuantas más previsiones tomes, mejor saldrá tu mesa navideña y sólo te quedará abrazarte con tus seres queridos.
Cuidá tu dieta y la del resto
Elaborá el menú con antelación, así como los ingredientes de cada plato. Y no pienses que porque mucha gente vaya a tu casa, todos comen mucho al mismo ritmo y cantidad: calculá menos para cada uno, que en la sumatoria de todo, al final, van a estar bien.