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La Mañana violencia

Sufrieron violencia y salieron adelante con sus emprendimientos de panadería

Tras recibir un kit de herramientas por parte del Municipio, Gabriela Oyarza y Suyai Contreras hablaron de su lucha para asegurarse un porvenir para ellas y sus hijos.

"Yo hoy gracias a Dios estoy fortalecida, pero al principio te derrumbás, no contenés lágrimas. Es todo un proceso. Yo estaba desarmada. Pesa mucho lo psicológico. Lo más difícil es romper el miedo al qué va a pasar si hablo, si denuncio, si me quedo sin techo. El desafío es romper esa barrera y ver el poder que hay dentro nuestro".

Suyai aún está movilizada. Acaba de recibir por parte del Municipio de Neuquén una amasadora eléctrica. El artefacto de 12 kilos es mucho más que la posibilidad de multiplicar sus panificados. Mucho más que una herramienta inalcanzable para una economía familiar que sobrevive con malabares en un contexto inflacionario. Es también un símbolo de lucha, de la angustia y el temor que poco a poco fue superando, de las puertas que se abrieron y que se abrirán a cada paso. Es sinónimo de un ingreso económico, de esperanza, de las redes que contienen y de los esfuerzos que muchas veces se hacen para que el Estado esté presente y repare.

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Sus ojos vidriosos aún contienen lágrimas. Lágrimas que se escaparon cuando se fundió en un abrazo con sus compañeras del programa Productoras Barriales, luego de que el intendente Mariano Gaido y la subsecretaria municipal de las Mujeres, Alejandra Oehrens, les entregaran un kit de herramientas y maquinaria para apuntalar la actividad a la que se dedica cada una, en medio de un acto en el MNBA, donde la funcionaria hizo un recuento de los logros y las acciones del área que tiene a cargo, durante el primer semestre del 2022.

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"Gracias a Dios nosotras salimos, pero hay muchas chicas que no. Tienen miedo de quedarse sin casa. Por eso, recibir este kit es una gran ayuda para salir adelante desde lo económico, para generar nuestros propios ingresos. Es una gran bendición", sostuvo Suyai, con gratitud, en diálogo con LMNeuquén.

Con dos hijos mellizos de 12 años y un niña de 3, la joven tomó coraje y decidió pedir ayuda, tras vacilaciones y numerosos episodios signados por la violencia de género.

"Yo acudí a la Subsecretaría por asesoramiento jurídico. Antes, busqué contención psicológica en la salita de San Lorenzo. Después, por mi radio, me mandaron al (Hospital) Heller. Ahí fueron dos meses de estar con asistentes sociales, con mujeres en mi misma situación. Por suerte tengo mi casa, pero ahí conocí mujeres jóvenes, grandes, mujeres que tuvieron que dejar sus hogares. Es todo un proceso. No salís de esto de un día a otro", sostuvo, para luego destacar el acompañamiento del equipo de Subsecretaría de las Mujeres para que sus panificados se conviertan en fuente de sustento.

"Yo antes hacía panes caseros, budines y panes con chicharrón por hobby. Ahora hago entregas a pedido a gente conocida del barrio 7 de Mayo", comentó mientras Gabriela, otra compañera de programa que también se dedica a la panadería, la miraba con admiración y cariño.

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"Yo pasé por todo. He sido una mujer maltratada por mi esposo, me separé. Y todo este tiempo estuve tratando de superarme en distintas áreas. He hecho de todo para criar a mis hijos. Fui hasta canillita. A los 52 años me quedé sin trabajo, pero dije: 'Morir de hambre, no me voy a morir'. Así que me puse a hacer lo que me gusta: cocinar con mis propias manos. Hago pan relleno, pastafrola, scones de queso, de salame, tortas materas, tortitas negras. Siempre trato de innovar", dijo con una sonrisa radiante y los ojos llenos de entusiasmo.

Mujeres independientes

Consciente de sus logros y el proceso que la llevó a convertirse en una "mujer independiente", Gabriela vive con alegría y gratitud el esfuerzo de su rutina de trabajo, que arranca a las 8 de la noche entre amasados, levaduras y horneados en su cocina económica. "A las 3 de la mañana termino de embolsar y a las 8 salgo a vender a comercios, trabajadores de empresas. Voy con mi carrito por la ex ruta 22, desde Saturnino Torres hasta el puente. El reparto dura unas dos horas, después sigo con lo que me piden a través de Facebook y salgo a entregar si está cerca. Luego sigue mi hija. Somos un equipo: ella se encarga de las redes y yo de la elaboración. Venimos bien: a la gente le gusta mis elaboraciones, como son artesanales y caseras", sentenció con orgullo, al precisar todas las tareas que se esconden detrás de su emprendimiento, llamado Dulce Victoria.

"Para mí esta amasadora implica independencia económica, trabajo, más producción y, porqué no, empoderamiento. Esto nos hace sentir que podemos más. Mi sueño es que Dulce Victoria siga creciendo", subrayó la emprendedora de barrio Belgrano.

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Gabriela y su hija Victoria, celebran la adquisición de la amasadora y sus logros como mujeres independientes.

Gabriela y su hija Victoria, celebran la adquisición de la amasadora y sus logros como mujeres independientes.

"Yo estuve cuatro años psicoanalizándome, cuatro años para ser la mujer que soy hoy: una mujer independiente. Tengo banderas amarillas cuando conozco una persona. Banderas rojas para decir: 'No, basta. Esto no es para mi. Me retiro. No vuelvo a interactuar denuevo'", reflexionó.

"Gracias a Dios yo me separé y estoy libre de todo eso, pero tengo mucha empatía con mis compañeras y con otras mujeres que no pueden salir de ese círculo. Por eso sigo involucrada con la Subse. Cualquier cosita les pregunto y pasan un número al que puedo acudir", acotó por su parte Suyai, antes de compartir un consejo para otras mujeres que están inmersas en una situación de violencia de género.

"Les digo que respiren hondo y den el paso para pedir ayuda. No se van a arrepentir". "Es importante que hablen de la situación que están atravesando, que no lo naturalicen ni minimicen. A veces dicen: 'No es nada'. Y no es así. Un grito es violencia. Una cachetada es violencia. Un empujón es violencia. Una paliza es violencia", postuló.

"Violencia también es que no te den el dinero que necesitás para comprar comida o para tus hijos, los propios hijos de esa persona. Eso es violencia económica y psicológica", sumó Gabriela.

"El amor es amor. Si hay maltrato, si hay agresión, no lo es. Pero culturalmente estamos tan mal enseñados. Hay que cambiar el pensamiento de nuestras niñas y nuestros niños respecto a los tratos, a cómo hablamos. Lo que uno dice influye en el otro. Que no sea costumbre que te den un bife, una patada. Se naturaliza mucho los celos y los celos con el amor no tienen nada que ver. Creo que es importante aprender a conocerse una y el amor propio, eso es lo que siempre les digo a las chicas", agregó Suyai, quien además de seguir capacitándose para fortalecer su emprendimiento planea redoblar su compromiso con las mujeres de conoció en el programa de Emprendedoras Barriales para afianzar los lazos de colaboración, además de ayudar en la medida que pueda a otras víctimas de violencia de género que aún no puede salir de esa situación.

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