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La Mañana Suicidio

Suicidio adolescente: la incidencia del silencio, la medicalización y el abuso

Dos profesionales del Castro Rendón reflexionaron sobre la temática y pusieron bajo la lupa el contexto social y los diagnósticos que encasillan.

Del suicidio no se habla. Pero sucede. Afecta a distintas capas de la sociedad y sensiblemente a los jóvenes. Eso lo saben sus familias, sus amigos, algunos integrantes del entorno cercano, pero el tema sigue siendo tabú.... y las tragedias sucediendo.

El decreto que el año pasado reglamentó de la Ley Nacional N° 27.130 de Prevención del Suicidio explicita en un apartado que "según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) -publicados en el año 2019-, en la República Argentina los casos de suicidio en la adolescencia se triplicaron en los últimos 30 años", convirtiéndose así en uno de los problemas que más afecta a esta población.

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El preocupante panorama da lugar a un sin fin de preguntas a la hora de dar con la razón de ser del flagelo que no se puede explicar a partir simplificaciones que contemplen uno, dos o tres factores; sino más bien con un cauteloso abordaje que tenga en consideración el complejo universo que atraviesa la vida de cada persona y la multicausalidad.

Más allá de eso, es necesario hacer un replanteamiento y poner bajo la lupa la trama social en la que estamos insertos para advertir las fisuras y los escenarios que - con cierta generalidad - inciden en las subjetividades, apartando del radio de visión las alternativas para encauzar situaciones que agobian.

En diálogo con LMNeuquén, la psiquiatra Mónica Pérez, quien integra el Servicio de Salud Mental del Hospital Castro Rendón, hizo hincapié en el "trasfondo social" de la cuestión, "que tiene que ver con qué mundo les estamos dejando a los adolescentes para vivir, qué vida pueden pensar o qué posibilidades tienen de armar un proyecto de vida".

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Al mismo tiempo, puso bajo la lupa los mandatos sociales, en especial el de la felicidad que no admite el tránsito por emociones vinculadas a la tristeza. "Socialmente, por otro lado, no solo se impone que hay que estar bien, sino que si estás mal es tu problema. Se marca mucho el individualismo. Hay una sociedad que te dice que tenés que ser feliz, competitivo... No se permite la tristeza. Pese a que es una emoción que es parte de la vida, está mal vista. Entonces todo esto hace que si los adolescentes tienen un problema, tengan dificultades para encontrar un espacio para poder hablarlo", planteó.

En consonancia, la psicóloga Ana Belén Weiner, quien también forma parte del Servicio de Salud Mental del Castro Rendón, analizó: "Poner las tintas en la responsabilidad subjetiva, deja al sujeto más solo, con mucha culpa y carga; lo que refuerza el sufrimiento y rompe la posibilidad de pedir ayuda. Si el discurso imperante está todo el tiempo apostando al mandato de la felicidad como un discurso total, es sumamente complejo y hasta cruel. El que sufre -si se siente responsable- refuerza su culpa y ahí muchas veces se castiga de distintas maneras, sintomáticamente".

En ese sentido, la psiquiatra añadió que el mandato del "estar bien" -que intenta esconder bajo la alfombra algunos planteamientos o realidades que generan incomodidad-, no hace más que profundizar la problemática, de ahí la imperiosa necesidad de poner el tema en agenda para que sea parte del diálogo social y objeto de reflexión en distintos ámbitos.

"La muerte es tabú, como en algún momento era la sexualidad. Y en ese marco, el suicidio. Como que de eso no se habla, pero es necesario hacerlo", enfatizó Pérez, a lo que su compañera de trabajo sumó: "El tabú de la muerte abona al mito de que si no hablamos de suicidio, no sucede; o que hablar produce una suerte de contagio. Lo que hay que saber es que no es así. Es importante de que se empiece a hablar del tema para que nos sensibilice y nos implique como adultos en el ámbito que estemos". "Pensar en las adolescencias es pensar también en qué ofrecemos las instituciones y los adultos en la vida de esas personas, para acompañarlas en situaciones de conflicto y de crisis", recalcó.

Tratamientos innecesarios con psicofármacos

Luego de hacer hincapié en esos dos aspectos del contexto, Pérez manifestó su preocupación por la creciente e innecesaria medicalización de los adolescentes y su fácil acceso a los psicofármacos, por fuera de un tratamiento.

"El consumo de psicofármacos en la adolescencia va en aumento. Vemos que la población de adolescente está cada vez más medicada y que cada vez tiene más acceso a los psicofármacos. Justamente por este mandato de la felicidad y por no escuchar el malestar, se psiquiatriza y se medicaliza un montón de situaciones que son parte de un proceso, de una etapa. A mi como psiquiatra me interesa reforzar la idea de que la adolescencia es una etapa y que los profesionales tendríamos que tener cuidado a la hora de medicar y etiquetar, hacer y comunicar un diagnóstico, en poner una palabra con la cual un adolescente se identifique y se encasille sin poderse pensar de otra manera en la vida", postuló.

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"Es necesario comprender esto para poder ubicar ese sufrimiento en esa etapa porque existe esta cuestión de la identificación, y más con la palabra de un psiquiatra. En psiquiatría infantil se dice que el diagnóstico se tiene que escribir con lápiz. Para mi en la adolescencia, también tiene que ser así. El adolescente no es depresivo, no es suicida. Nosotros recibimos a muchos adolescentes que se presentan así, diciendo 'yo soy depresivo, soy suicida'. Eso es muy fuerte y sacarlos de eso es muy difícil", remarcó dando a entender que la interpretación de un diagnóstico como una cualidad de la persona termina perfilando conductas e impidiendo que el joven pueda avizorar alternativas positivas dado no hay mucho que pueda hacer o cambiar si piensa que "es así" y no que está pasando por una situación difícil que es temporal.

"Esto es una crítica a los profesionales porque herramientas para abordar situaciones de sufrimiento hay. Lo tenemos que entender como un momento, una situación como algo que le está pasando a esa persona y no como una cualidad", enfatizó.

Para complementar este aspecto, Weiner remarcó el carácter temporal de ciertos padecimientos vinculados a la salud mental, en el sentido de que no son para siempre, en especial en la adolescencia que está atravesada por ciertos malestares que son propios de ese estadío de la vida donde se consolida la personalidad. Al respecto sostuvo que "es importante pensar y tolerar que hay un tiempo de la indeterminación, que a veces puede estar teñido de desesperación, desesperanza, angustia, de no saber para dónde ir". "A veces cuando hablamos de escuchar estamos hablando de cómo los adultos acompañamos, los adultos que estamos en otro ritmo, tan inmersos en ganar plata, sostener, ser productivos. Tiene que ver con ese saber detenerse, con empatizar con los tiempos particulares de la adolescencia para no cargarlos con más presión -que muchas veces es propia de los adultos- y darles lugar a que busquen, que exploren y que se equivoquen", añadió.

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Por su parte, Pérez insistió en que a veces no es necesario un tratamiento con pastillas y puso como ejemplo, algunos casos de depresión. "Uno puede pensar en el suicidio como algo multicausal. En muchos casos no se sabe por qué sucedió tal hecho. Sí, en un porcentaje que no es muy grande, puede haber de trasfondo una depresión. Eso hay que decirlo porque hay gente que necesita ayuda. Cuando un adolescente siente que no puede con eso que le está tocando vivir, es prudente que pueda pedir ayuda y que el Estado -a través de Salud- tiene que ofrecer esos lugares", aclaró en primer término la psiquiatra, para luego plantear: "Hay que desmitificar la idea de que la depresión se cura con medicación. No es así. Solo los casos más graves requieren eso. Hay situaciones que el adolescente requiere de tratamiento psiquiátrico porque el sufrimiento es intolerable. Pero la mayoría de los cuadros no precisa y se pueden encauzar con psicoterapia y otros abordajes. Por otro lado, el tratamiento para la depresión tiene un tiempo. No existe la medicalización para toda la vida, salvo contadas excepciones", enfatizó.

Prevalencia del abuso y la violencia

Otra situación a tener en cuenta a la hora de hablar de suicidio adolescente es el abuso sexual. “En la población que consulta en la guardia es importante la prevalencia del abuso sexual y violencia. En consultorio también. A veces no es la causa por la que consultan, pero después a lo largo del tratamiento también aparece esa situación”, aseguró Weiner, quien es parte del Servicio de Salud Mental Sector Infanto Juvenil del hospital Castro Rendón.

La psicóloga contó que muchas pacientes llegan derivadas de consultorios privados, con un diagnóstico, o bien de la Escuela o la Justicia por alguna crisis atravesada. “Entonces cuando uno empieza, te dicen ‘yo soy TLP (trastorno límite de la personalidad)’, pero por detrás de ese diagnóstico hay un abuso o hay una situación de violencia”, señaló.

Agregó que en el proceso terapéutico se intenta determinar “cómo ocurre ese develamiento, si lo puede develar o no, si cuando decide develarlo decide actuar y qué respuestas tienen ante esos procesos; si son respuestas que de alguna manera reparan o no”.

Un contexto más crudo para los sectores más vulnerables

Al ser consultadas por las cuestiones que en la actualidad más se juegan en los adolescentes, las profesionales del Castro Rendón coincidieron en mencionar los vínculos con los padres y los pares, la imagen corporal, la impulsividad, las identidades de género y "la construcción de su propia identidad, pensando en sus elecciones y cuestionando las estructuras y los modelos desiguales de poder". "Eso aparece bastante sistematizado o a veces un poco mas elaborado", deslizó Weiner, antes que Pérez hiciera hincapié en las crudas situaciones que transitan quienes no tienen sus necesidades básicas satisfechas.

"Muchas veces hablamos de una población modelo de clase media, pero para mi es importante la situación de las poblaciones más vulneradas económicamente. Si un adolescente se siente mal, quizás las necesidades básicas dejan poco margen para pensar en eso. Estoy hablando de la pobreza, la falta de trabajo, la falta de escolaridad y de acceso a la salud. Aquí la problemática ahí es mayor y el consumo de alcohol y otras sustancias es mayor. Esa situación de carencia genera lo que vemos en las guardias: adolescentes desbordados", sentenció.

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"Esta cuestión de quedar por fuera del sistema, de caerse de una trama, genera mucho sufrimiento. No hay proyección. Siempre de una manera u otra estamos hablando de los efectos de no poder hacer lazo, de la dificultad para poder estar acompañados cuando más necesitamos sobre todo en los momentos de vulnerabilidad. Por eso, son fundamentales las redes comunitarias: el club, la escuela, el barrio, la iglesia, los grupo en los cuales esos chicos transitan. Esos son los lugares de mayor contención", sumó Weiner, a lo que la psiquiatra acotó: "Y desde otra lógica diferente a la imperante, que es la competitiva la de destacarnos la meritocracia. Para mejorar todo esto, es necesario un cambio social".

El aislamiento por el COVID no ayudó

Si el suicidio adolescente ya se planteaba como un tema acuciante antes de la llegada del coronavirus, la etapa de aislamiento no hizo más que agudizar la cuestión, del mismo modo que afectó otras dolencias y aspectos vinculados a la salud mental.

"Los efectos de la pandemia en la población adolescente podrán ser estudiados a futuro, en su debido tiempo. Sí puedo apreciar respecto a lo que se escucha del padecimiento de los y las adolescentes, que el tiempo en confinamiento -sin posibilidades de intercambio y salidas fuera del hogar- impactó negativamente en su proceso de socialización y constitución subjetiva. La identidad no se conforma solo en la infancia, sino que se la pone a prueba en los tiempos de la adolescencia, saliendo al mundo y encontrándose con los conflictos del afuera", recordó Ana Belén Weiner, para luego resaltar: "Las primeras instituciones que ofrecen un espacio para poner en práctica todo eso son las escuelas, los clubes, el barrio, los espacios culturales y otras propuestas que sean atractivas para ellos y que les permitan poner ahí algo de sus proyectos". De ahí, que la falta de presencialidad en esos ámbitos tuvo un costo para la población adolescente en general y más aún con los que se vieron más afectados anímicamente.

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"En este sentido, el uso de las redes sociales cobro un valor fundamental, y fue también una herramienta para seguir en comunicación con la propia red de amistades y vínculos significativos. En la cuarentena fue el único medio por el cual muchas personas -y sobre todo los adolescentes- pudieron encontrarse, hablar con otros, aunque sea en forma virtual, que a veces implica cierto resguardo", manifestó la psicóloga, antes de advertir algunos aspectos controvertidos de la virtualidad.

"También podemos pensar que la pantalla no necesariamente es un medio para estar acompañados ya que en ocasiones deja a los niños y adolescentes en un lugar más de aislamiento, soledad, entretenidos y callados en relación al conflicto que pueda surgir, a las preguntas. La idea no es demonizar porque ellos lo traen todo el tiempo y es un fenómeno que llego para quedarse. Hoy es una forma nueva y diferente de vinculación. Lo que sí una pregunta de la época que muchos analistas están estudiando es el papel de la imagen, lo que se da a ver, lo que es íntimo, lo que es público. El riesgo, para mi, es cuando funciona como 'chupete electrónico' o cuando se alimenta mucho los ideales exitistas propios de una sociedad competitiva. A veces esa idealización es tan grande con el mundo de la imagen y la perfección, que se tornan inalcanzable. Por eso, es importante estar advertidos de eso, para poder confrontar ese ideal con la realidad que día a día van viviendo los adolescentes, la idea es que puedan intentar construir un proyecto vital del cual puedan ser protagonistas", esgrimió.

Alertas y la importancia de la escucha

Una pregunta que cae de lleno frente este panorama es ¿y qué se puede hacer? En principio no ser indiferente, romper con la espiral del silencio y hablar de suicidio. También saber cuáles pueden llegar a ser una señal de alerta.

En ese sentido, la psiquiatra Mónica Pérez mencionó "los cambios en la conducta, el retraimiento, el aislamiento, la anhedonia , el no poder disfrutar de las cosas". "También hay que estar atentos al desgano, la desesperanza, lo que se evidencia o se expresa desde lo silencioso o lo más ruidoso, como por ejemplo un cambio abrupto, un notorio consumo de alcohol, aunque también pasa que en algunas familias esta problemática no se visualiza porque se viene dando hace mucho tiempo", añadió Weiner.

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Ante la consulta de cómo ayudar a una persona que no puede ver alternativas para aliviar su dolor, ambas profesionales de la salud mental remarcaron la importancia de la escucha. "Si bien es un tema difícil de abordar, es muy importante saber que todos podemos escuchar a una persona que está en esa situación. Es escuchar sin prejuicios, sin juzgar, sin comparar, sin subestimar, ni minimizar. Y en función a eso que escuchamos, acompañar. Esa misma persona que está sufriendo nos va a ir orientando en relación a lo que necesita, nos va a ir diciendo en quienes puede confiar. Por supuesto, si es necesario, recurrir a una línea de atención más directa o acercarse a una guardia si es una situación de urgencia. Y también saber que los adolescente pueden ir a estos lugares solos, sin un adulto. Igualmente, siempre es recomendable lo que haga acompañado de alguien de su confianza", subrayó Weiner.

"En el sistema de salud, la puerta de entrada para consultar es el centro de salud mas cercano. También puede ser a través de pediatra/medico de cabecera. Y obviamente ante una crisis/ urgencia, está la línea telefónica o las guardias hospitalarias, donde existen equipos interdisciplinarios de Salud Mental", remarcó Pérez.

Para tener en cuenta: Las guardias de Salud Mental en los hospitales Heller y Castro Rendón atienden las 24 horas, mientras que la del Bouquet Roldán y los hospitales de Centenario y Plottier, lo hacen de 8 a 20. Línea de Prevención del Suicidio (Argentina): (011) 5275-1135. Línea de Contención en Salud Mental Neuquén: (299)5358191.

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