El escándalo generado en las elecciones de Plaza Huincul, tras la decisión de la Junta Electoral de esa ciudad de que se vote otra vez en siete mesas, tiene en Ramón Rioseco al principal damnificado, no sólo por el riesgo que corre la proclamación de su candidato como intendente electo, sino también, y por sobre todas las cosas, porque significaría restar un punto en el casillero que el actual jefe comunal de Cutral Co viene llenando para erigirse como la principal figura de la oposición en la provincia.
A nivel nacional, los resultados del 26 de abril le cayeron como anillo al dedo al Frente para la Victoria para mostrar que, pese a la derrota, en la primera elección a gobernador del año se le ganó por carácter transitivo a Mauricio Macri, al dejar a Pechi Quiroga en el tercer lugar.
Para Rioseco, si bien le significó lograr un posicionamiento que no tenía, hoy su desafío pasa por ver cómo mantiene ese lugar de privilegio durante los próximos cuatro años en los que no podrá volver a ser intendente. Si de aspirar a cargos electivos se trata, el FpV ya optó por Alberto Ciampini para buscar la renovación de la banca que pone en juego en la Cámara de Diputados de la Nación, aunque muchos también especulan con que ese lugar podría quedar para Oscar Parrilli. ¿El Parlasur? Suena poco apetecible.
Ramón Rioseco dijo ayer que la decisión adoptada en Huincul representa una “clara intención de generar un fraude electoral” y le apuntó al MPN con Sapag y Gutiérrez como destinatarios. Sin embargo, la Junta Electoral de esa ciudad la integran cinco miembros, cuatro de los partidos políticos, de los cuales dos (el Frente y la Participación Neuquina y UNE) deberían responder a Rioseco. ¿Pero responden a Rioseco?