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Tengamos las Fiestas en paz

El cansancio tras nueve meses de pandemia es unánime. Y la explicación para que muchos bajen la guardia.

La pandemia cumplirá en estos días nueve meses desde que los argentinos empezamos a cuidarnos, a encerrarnos, a ponernos tapabocas cada vez que salimos de casa, a dejar de abrazar a los amigos, de besar a nuestros viejos, de poner muchas de las cosas más importantes de la vida en pausa hasta derrotar al coronavirus. Se hizo todo muy largo. Y el año se va a cerrar con la esperanza de la vacuna, aunque algunos estén llenos de dudas, y las Fiestas a la vuelta de la esquina con más de siete mil casos diarios en el país, unas 200 muertes diarias y un problema para nada resuelto.

El cansancio es unánime. Y la explicación para que mucha gente baje la guardia, rompa los protocolos y los acuerdos tácitos, y empiece a disfrutar del veranito cerca del río, de los asados con amigos, de las salidas a los bares, las juntadas, el baile y los placeres de la vida.

El fin de semana largo fue una muestra de la necesidad de la gente de escaparse, de tomarse un descanso, de pasar el tiempo al aire libre, de romper la monotonía de estos nueve meses.

Ese disfrute, tan necesario, tan entendible, enciende también algunas alarmas. Y más, a menos de dos semanas de las Fiestas, con la mesa familiar, las reuniones con amigos y el baile hasta el amanecer como costumbres. No será fácil contenerse. Pero habrá que mantener los cuidados para no lamentarlo después.

En las Fiestas necesitamos ver a los que más queremos. Abrazarlos, pasar el tiempo con ellos, llevarles un regalo y una sonrisa, compartir una copa, un buen asado, el pionono que nunca falta. Serán los que más queremos, justamente, muchos de ellos mayores de 60 años, a los que más deberemos cuidar para empezar el año con el deseo de que no se repita uno como este.