Neuquén > El reportero gráfico del diario «Río Negro» Gabriel Oyarzo no sólo recibió golpes sino que le rompieron su cámara. Las actitudes provocaron el repudio de los colegas y funcionarios presentes como así también del intendente Farizano, quien fue notificado de la situación. Por su parte, Baudino dijo que «en esos momentos de forcejeo se le cayó la cámara, pero nosotros nos vamos a tener que hacer cargo». En tanto, la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina repudió la agresión y exigió a la Justicia neuquina la investigación del hecho y el castigo a los autores de la agresión. También pidió un «formal pedido de disculpas de Sitramune y la asunción de la responsabilidad que le cabe por la acción mafiosa de quienes participaban de una manifestación organizada por el sindicato, y el completo resarcimiento de los daños ocasionados».
Chos Malal > Obreros que trabajan en la construcción de la sede Judicial de la V Circunscripción con asiento en Chos Malal, tomaron ayer el Municipio local.
Los trabajadores tienen un conflicto sindical con la empresa Werefkin S.A -encargada de la construcción de la obra- desde hace varios días por el despido de alrededor de 20 trabajadores. Ante la falta de respuestas, decidieron llevar el reclamo hasta el despacho del intendente Carlos Lator.
La nueva sede judicial se está construyendo entre las calles 9 de Julio y Sarmiento de esta localidad, por un monto que supera los 8 millones de pesos.
Cerca del mediodía, el intendente Lator se acercó a dialogar con los trabajadores y les comentó las gestiones que había realizado para destrabar el conflicto. «Entiendo el reclamo, porque el norte neuquino tiene serios problemas sociales y de fuentes de trabajo que no pueden ser absorbidos por el Estado», dijo el intendente Lator.
Al no tener una respuesta favorable los trabajadores de la construcción continuaron con la medida y el Municipio permanecía tomado. La municipalidad hasta ayer tarde seguía tomada.
Escenario
Hoy, la complejidad y virulencia de algunas protestas neuquinas parecen dejar sin ningún tipo de horizonte claro a una sociedad desorientada y sin respuesta. Y, en este contexto, todo vale. Las necesidades de unos avasallan sin miramientos a las de otros, que se justifican tanto o más que la de los primeros. Así, por ejemplo, el hombre desesperado por no tener un techo propio no duda en quitarle el terreno a quien viene sudando desde mucho tiempo atrás por él. En el medio, la inacción.
Mientras, el perverso juego mezcla necesidades básicas incumplidas, patéticas ambiciones políticas, derechos propios que valen más que los ajenos y hasta el silencio. Allí, en la rueda donde todo pierde su valor esencial, la violencia se tornó lentamente en una herramienta que parece quedar justificada por el argumento del reclamo. Y con ese razonamiento validado por algunos sectores, todo vale.
Sin embargo, la sociedad comienza a reclamar cada vez con más énfasis que nada justifica la violencia y que la misma se aleje de cualquier tipo de expresión. Sea cual fuere. Además, esta metodología de algunos sectores sólo los aleja de la propia legitimidad del reclamo y pone en jaque la convivencia pacífica.