Ricardo Riva juró ayer ante los concejales para continuar al frente de la Defensoría del Pueblo de la ciudad por otros seis años. Es la primera vez, desde que se creó ese organismo, que alguien consigue la reelección.
Para poder jurar, Riva tuvo que sortear un espinoso proceso de selección porque el oficialismo, a instancias del intendente Horacio Quiroga, lo censuró desde el vamos y no ahorró ataques contra su persona, incluso antes de que el defensor confirme su postulación a la reelección.
Primero el intendente lo tildó de “burócrata profesional”, luego de “puntero ilustrado” del MPN por su pasado como subsecretario en algunas gestiones del partido provincial en el gobierno neuquino.
El intendente, muy arisco cuando critican su particular modo de ejercer el poder, se enoja. Y mucho.
Es que Riva logró, entre otras tantas cosas en su gestión, que la Justicia le diera la razón en cada uno de sus amparos ambientales por contaminación o deficiencia en la prestación de los servicios.
Tales amparos también fueron en contra de la gestión del MPN de la actual administración provincial, que no tuvo otro remedio que hacer obras que, de otro modo, difícilmente hubiese ejecutado.
Ayer, Riva advirtió que su segunda gestión pondrá el acento en el acceso a la tierra que se les niega a miles de neuquinos pobres y no tan pobres. El municipio y el gobierno provincial tienen una fuerte deuda en esta materia, tanto que hasta se aprovecha de estas necesidades para alentar tomas o usurpaciones difíciles de remediar, tanto que ni siquiera se mide la violencia a la hora de actuar en nombre de la ley.