El conflicto por los despedidos de OPS en Rincón de los Sauces dejó en evidencia un cúmulo de contradicciones devenidas de la multiplicidad de roles que cumple Guillermo Pereyra. El líder histórico de los petroleros neuquinos es, además, senador nacional por el oficialismo provincial y, también, socio político del presidente Mauricio Macri, al mismo tiempo que facilitador para la instrumentación de la política petrolera y gasífera del ministro Juan José Aranguren. La semana pasada, Pereyra estuvo en Houston, Estados Unidos, en su rol de presidente de la Comisión de Hidrocarburos del Senado de la Nación, pero también con el objeto de dar una señal de armonía entre los obreros y la patronal al capital del país del norte de América interesado en desembarcar en Vaca Muerta.
Recién arribado al país junto a la comitiva oficial que fue a Houston, Pereyra volvió a su pago chico y de inmediato se puso al frente de la protesta de los despedidos de Rincón. Avaló un bloqueo total a los yacimientos de YPF del norte neuquino, que ha causado pérdidas millonarias a la empresa, la provincia y la municipalidad de Rincón como consecuencia de la caída de la producción motivada por el bloqueo sobre la Ruta 6. Y amenazó con parar todos los yacimientos de YPF si no se arreglaba la situación de los despedidos. La empresa considera extorsiva la acción sindical, al mismo tiempo que descalifica la legitimidad del reclamo. YPF indemnizó con fondos propios a los despedidos que hoy reclaman ser reincorporados a la actividad. Lo hizo bajo la presión de otro piquete a sus yacimientos. Pereyra, que había facilitado la reactivación de Vaca Muerta, adonde YPF es jugador principal, con la adenda que alcanzó a todos sus afiliados, ahora golpeó a la compañía estatal por 126 despedidos que fueron indemnizados.
Pereyra pasó de ser garante de la paz ante empresarios de EE.UU. a liderar un conflicto duro con YPF.