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Todas las ideas en las calles

La calle no perdió su no se qué. La radio, la gráfica y la tele convivieron con ella en la instalación del sentido común, del bien y el mal de la política. Y la internet no pudo superar esa instancia, hasta ahora. El giro hacia la calle del macrismo no es más que la confirmación del rol que guarda la calle en la vida política argentina.

La anarquía de fines de 2001 y comienzos de 2002 resignificó la calle en el mapa político. A la resistencia que se sostuvo en las calles durante el menemismo se sumaron las masas de clase media arruinadas en el viaje hasta la frontera de la supervivencia nacional. El kirchnerismo adoptó a la calle entre los ejes de su modelo de construcción de base popular. El macrismo la despreció al principio, pero cambió el trato hacia la calle como ámbito para la expresión política partidaria después del sacudón de las PASO.

El oficialismo sacó a miles de militantes a bancar la reelección en las calles. Se dio cuenta de que las redes no alcanzan.

Ayer, las huestes del presidente Mauricio Macri coparon el barrio porteño de Belgrano. “Lo damos vuelta”, fue el grito de guerra de la militancia macrista, golpeada por la derrota en las PASO. “Sí se puede”, gritaron enfervorizados en las calles porteñas. La manifestación fue convocada por el propio Macri. El presidente y sus fieles no se pudieron resistir al potencial que ofrece la calle para el debate político en el peor momento para el macrismo desde su surgimiento, para las elecciones porteñas de 2007.

Los ideólogos del macrismo supusieron que las redes sociales desactivarían el poder de la calle (y de los medios tradicionales, pero esa es otra historia) en el debate político. La realidad los desairó. El que se quema con leche ve una vaca y llora. Los armadores de la campaña por la reelección del presidente lo entendieron. Y salieron a la calle.