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La Mañana Tuberculosis

Tuberculosis: ¿por qué están aumentando los casos en Neuquén?

Una infectóloga del Heller analizó algunos factores que inciden en el incremento de contagios y dio consejos para prevenir.

El drama que atraviesa una familia neuquina por un foco de tuberculosis (se encuentra aislada y pide ayuda para poder costear su alimentación y el alquiler de la vivienda en la que habitan) dejó abierta la pregunta respecto a si existe un rebrote de esta enfermedad que muchos la daban por superada.

En diálogo con LMNeuquén, María Victoria Gálvez, médica infectóloga del Hospital Heller, explicó que -en realidad- "la tuberculosis nunca desapareció", aunque en el último tiempo se dieron una serie de situaciones que derivaron en un incremento de casos.

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Una de ellas está vinculada con el COVID que en los años recientes "se llevó el estrellato del momento". "Esto es entendible: un germen desconocido que mata gente y que se convirtió en una pandemia. Pero se dejó de lado las enfermedades infecciosas y no infecciosas de todo tipo, la gente dejó de controlarse por temor a ir a los hospitales o porque estos estaban abocados esta urgencia que concentraba el 90 por ciento de las consultas", contextualizó antes de hacer hincapié en la incidencia del hacinamiento como el gran detonante.

Tras recordar que la bacteria que causa la tuberculosis se contagia a partir de la inhalación del bacilo que una persona enferma transmite a otra a través de la tos o el estornudo, la infectóloga puso el acento en la concentración de personas en pequeños ambientes cerrados y poco ventilados, durante unas cuantas horas como uno de los factores de riesgo.

En ese sentido, señaló que ese escenario suele darse en viviendas pequeñas con familias numerosas y en la población carcelaria, aunque advirtió que también se puede contraer la enfermedad en un espacio laboral que tenga esas características. Una de las claves es la cantidad de tiempo de exposición, la misma que distingue el contagio de la tuberculosis del coronavirus, más allá de que ambos se transmitan por vía aérea.

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"De primera mano, yo he tenido un aumento interesante de casos. Yo trabajo en una zona donde abundan las situaciones de vulnerabilidad. También atendemos a personas que vienen del penal de Senillosa, y ahí también se están dando casos. Actualmente tengo siete pacientes, años atrás solo tendría uno o dos con suerte. Esta situación nos pone en alerta para ir a buscar los casos iniciales para desactivar el foco"

"A diferencia del COVID, la tuberculosis no se transmite tan rápido. Para el COVID se necesitan 15 minutos o menos de contacto sin protección. La tuberculosis requiere de una convivencia en un espacio cerrado por varias horas: tres o cuatro", diferenció, antes de referirse a uno de los mitos en materia de prevención: el barbijo.

"En este caso, el barbijo da una falsa sensación de seguridad porque el bacilo (de Koch) atraviesa el tapaboca o un barbijo quirúrgico simple, que funciona para las enfermedades virales y respiratorias simples. La protección contra la tuberculosis la da el barbijo de alta eficacia N95 que es más grueso y que garantiza que el 95% de los gérmenes microscópicos no atraviesen esas capas de protección. Este barbijo los usamos los médicos cuando estamos en contacto con un paciente con esta enfermedad, pero nadie está todo el tiempo con un barbijo así porque provoca una sensación de asfixia, aunque podés respiras", aclaró.

Por otro lado, señaló que si bien la aplicación de vacuna BCG protege a los niños de las formas graves de tuberculosis como meningitis u osteomielitis, el desarrollo no es suficiente para erradicar la posibilidad de la enfermedad.

Síntomas y la importancia del seguimiento médico

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa, producida por el bacilo de Koch, que afecta principalmente los pulmones. Sin tratamiento, puede ser letal.

Los síntomas más habituales son tos persistente (a veces con eliminación de sangre), dolor en el tórax, debilidad o cansancio, pérdida de peso, falta de apetito, fiebre, escalofríos y sudoración nocturna.

"Una tos de más de 14 días de evolución es indicación para que cualquier persona que integre un equipo médico pueda pedir una baciloscopia, una radiografía de tórax y una PPD (prueba cutánea de derivado proteico purificado)", señaló Gálvez al tiempo que remarcó la importancia de que, ante esta situación, los pacientes no acudan a las guardias médicas sino que saquen turno con un médico clínico que pueda llegar a un diagnóstico certero al poder brindar una atención más adecuada, con mayor tiempo, a la que se realiza en un contexto de urgencia.

"Es poco probable que en una guardia que está para resolver una urgencia detecten una tuberculosis. Cuando hay una sospecha de esta enfermedad, el médico de guardia tiene que decirle que urgente tiene que ver a un médico en consultorio y que tiene que usar barbijo n95 cuando esté en contacto con otras personas", manifestó para luego subrayar la importancia de detectar la enfermedad para combatirla con un tratamiento y cortar con la cadena de contagios a partir del aislamiento.

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"Acá se da una situación respecto a los convivientes. Por eso, lo más importante es diagnosticar para empezar a tratar. A partir de ahí tenes de 14 a 21 días en los que el paciente todavía contagia bajo tratamiento, pero a partir de los 21 días. no. Aunque no aún esté curado", subrayó.

Respecto a las luces de alarma que tienen que encenderse en un caso de tos prolongada, la médica también comprometió a los familiares o compañeros de trabajo. "No es una cuestión de curiosidad morbosa, pero cuando alguien está tosiendo, no está mal preguntarle hace cuánto que tiene esa tos o si la tiene hace más de 14 días, indagar si alguien de su familia -con quien convive- está también con ese síntoma. La idea es poder descubrir el foco", postuló.

La médica enfatizó que, pese a que puede tener graves consecuencias y hasta ocasionar la muerte, "esta enfermedad no es incurable". "La cura requiere un tiempo largo, muchas drogas. Salvo casos que requieren nueve meses o un año de tratamiento, pasados seis meses en general se cura. Quienes se tratan en un inicio, en general no presentan secuelas. La posibilidad de secuelas, aumenta con la cantidad de bacteria y de tiempo que pase sin tratar", apuntó.

Al respecto, Matías Neira, jefe de Atención Primaria del Ministerio de Salud de Neuquén, comentó: "La TBC está presente hace muchos años y la mayor dificultad es el cumplimiento del tratamiento. Es uno de los pocos casos donde se realiza tratamiento médico observado, o sea: 'te doy el comprimido y lo tomas adelante de alguien'".

Esta enfermedad activa y sin tratamiento suele afectar los pulmones, pero también se puede extender a otras partes del cuerpo y producir artritis, meningitis, osteomielitis, dolor espinal, daño articular, trastornos cardíacos problemas en el hígado o en los riñones.

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Panorama internacional

Lucica Ditiu, directora ejecutiva de la alianza Stop TB señaló que a pesar de ser tratable, la tuberculosis todavía mata a 1,5 millones de personas al año, lo que la convierte en la segunda enfermedad infecciosa más mortífera después del COVID.

"Nos enfrentamos a cifras que no veíamos desde 2012. Por primera vez en 10 años, vemos un aumento de la mortalidad por tuberculosis y un incremento del número de personas no diagnosticadas, lo que significa que hay mucha más transmisión que antes", dijo en una nota con El País.

Ditiu advirtió que, más allá del alarmante panorama, lamentablemente los esfuerzos en investigación e inversión para acabar con ambas enfermedades son muy desiguales. Por ejemplo, indicó que los 18 mil millones de dólares que hace unos días el Fondo Mundial para la malaria, tuberculosis y VIH solicitó a la comunidad internacional para los próximos tres años es equivalente a lo que destinó Estados Unidos exclusivamente al desarrollo de la vacuna contra el SARS-Cov-2.

Además de poner el foco en la inversión de los gobiernos para generar mejores condiciones de vida y la concienciación, Ditiu hizo hincapié el el rol de la ciencia para acabar con la enfermedad. "Disponemos de medicamentos y regímenes de tratamiento bastante buenos, pero todavía con muchos efectos secundarios. Y no tenemos una vacuna. La razón es que la investigación de la tuberculosis no es atractiva. Es una enfermedad que afecta a la gente pobre en los países pobres. Y por eso no ha recibido la atención adecuada", sentenció.

"Con el COVID vimos que es posible conseguir la nueva inmunización en 10 meses. Y es posible utilizar toda la metodología aplicada para su desarrollo para obtener una inmunización para la tuberculosis. Países con una elevada carga de la enfermedad como Indonesia, India, Brasil o China tienen la capacidad de desarrollar vacunas. No deben esperar siempre al gran norte para desarrollarlas", planteó.

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