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El sesgo de los algoritmos no es nada nuevo: el programa ordena resultados a partir de datos que se le proporcionan y en el caso de Twitter, escogía el fragmento de una imagen que creía que iba a ser más interesante para que los usuarios lo vieran en sus pantallas. “En mi investigación, generé varias caras artificiales y las modifiqué no arbitrariamente, sino de una manera muy específica para ver en cuáles el algoritmo incrementaba la prominencia”, explicó el ucraniano Bogdan Kulynych, egresado de la Universidad Politécnica de Lausane, de Suiza. “Seleccioné solo un pequeño grupo de 16 caras por problemas de tiempo y porque el proceso computacional es largo. Eran caras diversas y al final vi patrones. El algoritmo daba más prominencia a caras más jóvenes, delgadas, con más calidez y rasgos femeninos”, concluyó.
El concurso fue una especie de análisis post mortem del algoritmo ya que Twitter lo eliminó en mayo y lo sustituyó por una opción manual. La supresión del algoritmo, que también fue acusado de tener una mirada machistas al destacar partes de cuerpos femeninos, solo elimina un pequeño problema. En investigaciones anteriores, algunas hechas con su tutora de tesis, la ingeniera española Carmela Troncoso, Kulynych analizó el impacto de otros algoritmos más importantes para las grandes tecnológicas: aquellos algoritmos esenciales que deciden qué vemos en Twitter, YouTube, Amazon o Airbnb.