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Un argentino, la clave para mandar al hombre a Marte

La NASA le pidió colaboración al científico Alejandro Rabinstein.

estados unidos

Son aproximadamente 240 días, o bien ocho meses, sólo de ida. Ese es el tiempo en promedio que la NASA calcula para llegar a Marte, nuestro planeta vecino más cercano, ubicado a 250 millones de kilómetros, aunque ha estado también a sólo 56 en su mayor aproximación.

Y frente a la meta que le asignó a la NASA el presidente estadounidense Donald Trump en uno de sus últimos discursos, de enviar a un hombre al planeta rojo para el 2030, la pregunta que desvela a los científicos, expertos en aterrizar robots y enviar sondas que lo orbitan, recae siempre en la condición física humana. ¿Es posible para un astronauta sobrevivir al viaje ida y vuelta?

Y allí aparece la mayor amenaza que tiene el hombre fuera de la burbuja de vida llamada planeta Tierra. Y se llama espacio exterior. Ese mismo espacio donde no existe la gravedad y sí las radiaciones electromagnéticas. Ese mismo espacio que en un viaje de varios meses o años puede convertirse en una situación terrorífica de soledad, estrés, aislamiento y desesperación para una persona que naturalmente ha interactuando con otros desde que nació.

Y allí es cuando la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) busca respuestas en la medicina y halló en el argentino Alejandro Rabinstein una posible respuesta que requiere años de estudio: la hibernación o criopreservación, una técnica que algunos animales utilizan en la Tierra y que ha sido muy explotada en las películas y series de ciencia ficción. Rabinstein dirige la Unidad de Terapia Intensiva del Departamento de Neurología de la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, donde también es profesor de neurología en la Facultad de Medicina Mayo. Y después de trabajar durante dos décadas en los Estados Unidos, fue contactado por la NASA para trabajar en la implementación de la hipotermia en los viajes espaciales prolongados para proteger la salud de los astronautas.

En concreto, la NASA quiere ampliar sus investigaciones en el uso de la hipotermia en la práctica clínica, y le propuso estudiar si esa reducción de la temperatura corporal en algunos pacientes podría preservar la función neurológica y física en astronautas que pasen mucho tiempo en el espacio.

Algunos de los mayores desafíos de los vuelos espaciales tripulados contemplados por la NASA son la salud de la tripulación y el peso de la nave, según afirmó John Bradford, director de operaciones de SpaceWorks, la compañía de vuelo privado que trabaja con la NASA y Mayo. Por ejemplo, bajar la temperatura corporal de los astronautas de 37 grados a 33 grados reduciría su metabolismo, por lo que la nave espacial no tendría que transportar tanta comida ni oxígeno. Resolver ese desafío a través de la hipotermia inducida sería el próximo salto para un programa de la Clínica Mayo, que tiene una historia de 75 años de medicina aeroespacial. De ahora en más, todo un desafío para el científico argentino que se renueva de cara a Marte.

Estudia los efectos de la hipotermia en las personas, esencial para sobrellevar el viaje hacia el planeta rojo.

33 Los grados a los que debería llevarse la temperatura del cuerpo en el espacio.

240 Los días que llevaría el viaje de ida desde la Tierra hasta el planeta más cercano.