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Un cambio de conciencia

Javier Cantarini

El testimonio filmado de la joven Aixa Rizzo sobre sus miedos al ser acosada en la calle por un grupo de hombres se masificó en la red, y las repercusiones llegaron hasta el despacho de un par de políticos que resolvieron presentar proyectos de ley, dos en la legislatura porteña y uno en la Cámara de Diputados de la Nación, con el objetivo de sancionar a las personas que se dedican a injuriar con palabras y gestos obscenos a las mujeres, el mal denominado “piropo”. En realidad, el acoso sexual en la calle es un tema que se viene debatiendo y haciendo público desde hace años por los movimientos de mujeres o movimientos feministas que luchan contra la violencia de género. Al respecto, el Congreso de Perú tomó la punta de lanza y en marzo de este año aprobó un proyecto de ley que previene y sanciona los delitos de acoso sexual callejero con una pena máxima de 12 años de prisión efectiva. Los legisladores argentinos quieren sancionar con multas económicas o trabajos comunitarios. Sin embargo, la solución a la violencia de género, en general, y al acoso, en particular, no pasa por sanciones, y menos aún por multas dirigidas a las personas de bajos recursos, sino por un cambio de conciencia ligado a una educación de calidad que tenga como base la defensa de los derechos humanos sin importar -dada la particularidad del caso- la identidad u orientación sexual de las personas. Hay que comprender que el origen del problema radica en que vivimos en una cultura patriarcal que desencadena todo tipo de situaciones abusivas en las que las víctimas son, casi siempre, mujeres y menores. La iniciativa de los legisladores es igualmente saludable, y sería una buena idea que sus pares neuquinos la analicen teniendo en cuenta que el acoso callejero también se padece en esta ciudad.