El crimen a quemarropa del remisero Emanuel Muñoz, perpetrado en la madrugada de ayer en Cutral Co, no es un dato aislado que podemos dejar pasar por alto.
Este homicidio es la confirmación de una modalidad delictiva que se instaló en Neuquén. Ahora, también se mata para robar.
Si hay algo que siempre utilizó la Policía y el Gobierno como termómetro de la denominada “sensación de inseguridad” fueron los homicidios en robos. Y no es equivocada la forma de pensar de los funcionarios, ya que los sociólogos y criminólogos explican que el temor de la gente crece en la medida que son conscientes de que no solo les pueden robar, sino que también se enfrentan a perder la vida o la de sus seres queridos.
Esto lleva a que uno repita rutinas seguras, no improvise circuitos desconocidos y se recluya en su hogar a partir de determinados horarios.
Cierto es que hay preocupación por lo que está pasando este año. Porque si bien en 2013 se superó por primera vez en la historia de Neuquén la barrera de los 50 crímenes, llegando a 52, solo uno de estos episodios fue en ocasión de robo.
Pero en lo que va de este 2014 la cantidad de homicidios en asaltos llegó a ocho y las víctimas están esparcidas en toda la provincia, lo que demuestra que no es una dinámica propia de las grandes ciudades, sino que se replica también en las localidades del interior neuquino.
Ahora, la violencia social en la que estamos inmersos nos obliga a pensar en lo que está sucediendo. Pero la mayor responsabilidad sobre cómo seguir sin duda la tienen los gobernantes, que deben definir medidas coyunturales, así como también políticas de Estado que trasciendan a los partidos.