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Un ejemplo de vocación y docencia

En La Lipela, en la década del ’60, Santa María González de Bello logró que un viejo salón se convirtiera en una escuela. En la capital también tuvo una extensa tarea como maestra.
Cuando cumplió 25 años de su paso por las aulas, una colega llamada Alicia le dirigió sentidas palabras que describen espiritualmente a esta docente que no mezquinó esfuerzos cuando de ejercer la docencia se trataba.

“Me toca hoy a mí, una tarea muy cara a mis sentimientos, como es la de agasajar a un superior, a una compañera, a una amiga, como lo es la Sra. María González de Bello, Pety, para todos nosotros con motivo de cumplir sus Bodas de Plata en la docencia. Todos saben que la Sra. De Bello, Pety, como la llamamos cariñosamente, es la directora titular de esta escuela; actualmente desarrolla tareas como supervisora escolar, pero muchos años de su carrera docente los dedicó a esta escuela y en especial a toda la comunidad de Bouquet Roldán. Su tarea traspasó las puertas de la escuela y fue a cada hogar, a cada familia que tenía problemas, y muy especialmente a cada niño abandonado. Su meta fue siempre recoger al niño de la calle, lograr rescatar aquel niño marginado al que nadie acepta. Colega ejemplar, su vida fue y será una permanente y generosa consagración hacia los demás.
Movida por la fuerza íntima de la vocación llegó a las aulas, creyó y se entregó de lleno a la misión educadora, libre de egoísmos, como maestra de campo en su escuelita de La Lipela, como maestra y luego directora de su escuelita de barrio; muchas veces se sintió desmoralizada, defraudada por la incomprensión de los demás, más de una vez golpeó puertas en busca de soluciones para sus alumnos y no obtuvo respuestas; pero su fortaleza de roble hizo que continuara su apostolado en medio de una sociedad muy materializada sin buscar reconocimiento ni retribución de nadie a su constante entrega.
Caminó como todo maestro por sendas espinosas pero sin perder nunca de vista su única meta: el niño. Dedicó muchas horas a su tarea, nunca dijo que lo realizado era suficiente, jamás se limitó a su horario de trabajo.
Pety, cumples hoy 25 años de docente, quienes te conocemos y hemos compartido tu lucha debemos confesar que nos hemos formado a tu estilo, nos acostumbramos a tu sensibilidad y supimos darnos cuenta que no es tan importante enseñar, sino saber por qué no aprende nuestro niño y ver qué podemos hacer para ayudarlo.
Pety, vos que transitaste 25 años en la docencia, continúa instruyéndonos con la palabra y con el ejemplo de solidaridad y amor hacia el prójimo que siempre te caracterizó.
Con nuestra mano extendida, con todo nuestro cariño, nos permitimos decirte ¡¡¡Felices Bodas de Plata!!! -1986-.