En épocas de wifi, banda ancha y redes 4G, una mala conexión es inaceptable. Porque entorpece, porque atrasa y fastidia, y porque no genera ningún avance. Es que estar conectados (con una buena conexión) es hoy una necesidad y una costumbre. Pero a diferencia del mundo virtual, el real parece estar corriendo en una versión vieja, con una conexión al mejor estilo "dial up". Al menos a eso remiten los viajes mañaneros de todo vecino de Cipolletti que se sube al auto para venir a Neuquén a trabajar, hacer trámites, compras o simplemente porque tiene ganas. Una odisea de casi una hora entre largas colas, frenadas e interminables reinterpretaciones de las normas de tránsito al momento de llegar a la rotonda o de ceder el paso de cara al embudo que plantea al puente carretero, único acceso entre las dos ciudades que crecen de la mano.