Un espejo con crudos reflejos

Por María Castro

Neuquén > La cita para presenciar “La fin del Mundo” fue el sábado a las 21.30 en la Conrado. El estreno de la obra protagonizada por Chana Fernández y Sebastián Fanello, con dirección de Luis Sarlinga, dio muestra tanto de la versatilidad de los actores como de las posibles y casi infinitas líneas de interpretación que abre el texto de la obra. La entrega actoral de Fernández y Fanello es remarcable y da cuenta del manejo de los matices histriónicos marcados por la dirección. Asimismo se notó un gran cuidado escenográfico y de musicalización.
La pareja de Tati y Mele ¿sobrevivientes? del ‘fin del mundo’, o quizás de sus propios tormentos ocasionados por su vida conyugal, se encuentra en un pozo donde conviven recordando quiénes eran, cómo se conocieron y cómo era la vida. Los reproches y las amenazas de Mele, muy bien sostenidas por la actriz Chana Fernández, se vuelven continuos ataques a Tati (Sebastián Fanello), un muy simpático y absurdo personaje, que parece ajeno a todo en su afán de escapar hacia el pasado para cambiar el curso de la historia. A pesar de su aparente indiferencia y de su propia incoherencia, Tati no permite ni quiere el alejamiento de Mele.
La obra nos lleva en un recorrido laberíntico de espacios posibles dando muestra de una relación también perdida en el tiempo, sostenida por el miedo, la costumbre y quizás, muy en el fondo, el amor. Tati y Mele está alejados de sus propias esencias, y desde allí ¿como sería posible dar amor? En un mundo vacío donde sólo hay amenazas y peligros. Estos conflictos abren el campo a la aparición de ‘personajes’ que cubren en cada uno de ellos las partes de las cuales no pueden hacerse cargo. Frente al hastío la intención es escapar, pero al momento de hacerlo siempre hay una excusa. En un mundo de utopías perdidas, la obra resulta un espejo muy fuerte y provocatico al cual asomarse.

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