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Un Estado que debe comenzar a cambiar

La protesta consumada por un nutrido grupo de subsidiados que hace más de diez días tomó las instalaciones del Municipio para exigir nuevos contratos y su incorporación a planta permanente, reabrió el debate sobre la metodología adoptada para impulsar est
La protesta consumada por un nutrido grupo de subsidiados que hace más de diez días tomó las instalaciones del Municipio para exigir nuevos contratos y su incorporación a planta permanente, reabrió el debate sobre la metodología adoptada para impulsar este tipo de reclamos.
Por otro lado, la sociedad comienza a exigir que los políticos y gobernantes pongan las barbas en remojo y que reflexionen seriamente antes de efectuar incorporaciones desmedidas de personal a un Estado que, a todas luces, está sobredimensionado en ese rubro.
Sólo de esa forma se atenuarán las pretensiones de quienes ahora se sienten con derechos suficientemente adquiridos para que sean formalmente ingresados a la administración pública provincial o municipal.
Es que los propios manifestantes denunciaron que muchos de ellos fueron contratados hace más de 5 años, llegando en algunos casos a los 10 y 14 años de relación laboral con la comuna.
La situación los llevó a reclamar su incorporación a planta permanente con la toma del edificio municipal donde funciona la sede de Gobierno comandada por el intendente emepenista Edgardo Sapag, quien afronta el conflicto más duro desde que asumió su tercera gestión, el pasado 2 de enero.
El jefe comunal tildó de “violenta” a la medida que impidió el ingreso de empleados y contribuyentes al edificio ocupado  por subsidiados y contratados de ambos sexos.
La protesta apoyada por el gremio ATE se potenció el pasado jueves con un corte de ruta que complicó más las tratativas  con los mismos manifestantes, que exigieron mejores contratos, pero sin desechar el reclamo para ser incorporados definitivamente.

Excedido
A todo esto, hay que tener en cuenta que al Municipio de Zapala le falta bastante poco para alcanzar los mil empleados. Una cifra que representa el doble de lo necesario para una ciudad que contaría con 38 mil habitantes, aproximadamente.
De esa forma, estaría desembolsando el 85 por ciento de sus ingresos por regalías para pagar los salarios de numerosos agentes de planta permanente, a los contratados y a un nutrido grupo de monotributistas.
Ante ese panorama surge más que nunca la imperiosa necesidad de aplicar correctas políticas de Estado, de una vez por todas, para empezar a reconvertir la principal fuente de sustento de la economía zapalina, que son, precisamente,  los salarios que perciben cientos de empleados de numerosas reparticiones públicas.
Para iniciar esa reconversión es imperioso que el Gobierno acelere las gestiones para concretar una serie de proyectos tantas veces anunciados, que constituyen la clave para lograr un desarrollo productivo de raigambre genuina con la consecuente ocupación de mano de obra, basada en un firme fomento de la cultura del trabajo.
Entre esos proyectos figuran el nuevo parque industrial y la Zona Franca Zapala. Dos grandes obras que esperan su ejecución desde hace años en un área ubicada en la periferia noroeste de la ciudad, donde también serán emplazadas la nueva playa de maniobras ferroviarias y la Zona Primaria Aduanera.