En España, el Real Madrid y el Barcelona se florean cada vez que salen de casa. Cómodas victorias y hasta con goleadas incluidas. En Italia, la Juventus ni se despeina cuando juega lejos de Turín: les gana como quiere a rivales que no se las ingenian para oponer resistencia a los más poderosos. Hay un aspecto en el que el fútbol argentino no tiene nada que envidiarle al europeo: la paridad, que se refleja en las dificultades que exhiben hoy en día Boca y River para imponerse en condición de visitante. Mientras que el Xeneize lleva ocho meses sin triunfar fuera de la Bombonera, el Millonario apenas cosechó dos triunfos por torneos locales (sin contar la Copa Argentina, que se juega en estadio neutral) más allá del Monumental.
Boca lleva ocho meses sin ganar afuera por el torneo local y River triunfó dos veces en esa condición en todo 2016.
Al margen de que las estadísticas dejan en evidencia el déficit de los dos equipos más populares, a la hora de plasmar y hacer valer las diferencias en planteles y recursos que existen con la mayoría de los rivales, los números también demuestran que en nuestro fútbol se torna complejo imponer condiciones de visitante. Es cierto que a los otros tres grandes (Independiente, Racing y San Lorenzo) les ha ido un poco mejor que a Boca y a River, pero tampoco son una garantía y mucho menos infalibles como en otras épocas. En tanto, si además se cuenta el plano internacional, River sólo superó de visitante en la temporada a Trujillanos de Venezuela, por la Libertadores 2016, y Boca venció a Racing y a Cerro Porteño por ese mismo certamen. Tanto se acostumbró el fútbol argentino a jugar sin hinchas visitantes (están volviendo gradualmente), que tampoco hay mucho festejo ajeno dentro del campo. ¿Repercutirá esa falta de apoyo en la carencia de resultados?