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Un médico y un auxiliar de medicina

Oscar Arabarco, padre de Osvaldo (autor de la letra del Himno Provincial), llegó Neuquén en 1937, y en ese momento este auxiliar de medicina “tuvo la oportunidad de participar del nacimiento de la asistencia pública, junto al médico Eduardo Castro Rendón”.
“Una vieja casona ya desaparecida, ubicada frente a las vías del ferrocarril entre Lainez y 12 de Septiembre, fue el lugar donde nació la Asistencia Pública. Allí  trabajaba junto al Dr. Castro Rendón, quien fue su maestro y su guía. En aquella instalación era muy difícil brindar una adecuada atención a los enfermos que a veces recorrían grandes distancias para aliviar su dolor. No alcanzaban las camas, y se operaba bajo una sábana esterilizada para cubrirse de la tierra y los insectos que caían del techo” sostiene la historiadora neuquina Vicky Chávez en uno de sus recopilaciones sobre el doctor Eduardo Castro Rendón.
“Oscar (Arabarco) era un hombre que amaba su trabajo: instrumentaba, colocaba anestesias, efectuaba radiografías, partos, sueros, vacunación. Para él no había horarios. El trabajo, ante todo” publicó Chávez en uno de sus artículos.
 Sostiene que el hospital neuquino lleva el nombre de quien fuera, entonces, su primer director: el Dr. Eduardo Castro Rendón. En una oportunidad, Castro Rendón comentó que la construcción estaba lista a fines de la década del 40’, pero no era puesta en funciones ¡porque faltaba una puerta! Por esa razón, la Dirección Nacional de Arquitectura no autorizaba su entrega.
“Los plazos se extendían. Tanto, que el domingo 14 de abril de 1940 tomaron el hospital, un poco a la fuerza, puesto que la necesidad de trasladar la Asistencia Pública al nuevo edificio era inmensa. Debido a este inicio bastante accidentado, el hospital nunca fue entregado oficialmente. Todos los que trabajaban en salud ayudaron a mudar las camas, los colchones, el instrumental. Oscar Arabarco iba y venía con la ambulancia trasladando a los enfermos. Los ferroviarios también ayudaron al traslado”, escribió Chávez.
El hospital contaba, por aquel entonces, con dos salas, una sala de partos, un quirófano, habitaciones para consultorios y la farmacia; también tenía oficinas para administración, cada una con su baño, y un amplio patio.
Parte de la herencia de la vieja asistencia pública era una ambulancia tirada por caballos, un sulky tan duro que los enfermos tenían pánico de subir. Castro Rendón hizo los trámites y le enviaron una ambulancia, una Ford A modelo 30’.
La planta del Hospital inicialmente estaba compuesta por el propio Castro Rendón y el subdirector Dr. Benedetti, quienes atendían a los pacientes internados en los consultorios externos y realizaban las operaciones. Gaspar Geordano era el administrador y su esposa Lucía la ecónoma. Manuel Zapana era el cocinero. Pedro Juan Paredes, Oscar Arabarco, María Soldano y María Salgado cumplían las funciones de enfermería y muchas otras funciones.