Por Vicky Chávez
Neuquén > Los triunfadores participantes neuquinos, delegación 1964, preparan los festejos. La delegación y conjunto de la provincia presentaron la escenificación de un instante del “Vilatun”, con su baile del “Choico”, como está escrito en la revista Folklore de la época. Hace ya medio siglo, cinco décadas, diez lustros o cincuenta años (como el lector lo prefiera), palabras escritas por el profesor Héctor Lombera, artífice de aquel premio.
Cosquín es una ciudad cordobesa situada en el Valle de Punilla, al pie del cerro llamado Pan de Azúcar por los antiguos indígenas del lugar. Pero la ciudad se hizo célebre gracias al notable empuje de un grupo de ciudadanos que bregaron para que el nombre Cosquín se proyectara a todo el país con el objetivo de promover el turismo y la economía y a su vez difundir la música y el baile nativo. Estos esfuerzos cuajaron en el conocidísimo festival folclórico que se desarrolla en la ciudad desde 1961.
Sin embargo, su origen debe ser rastreado entre 1958 y 1959, cuando se realizaron los festejos en conmemoración del día de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad. El festival sería realizado por una Comisión Municipal de Turismo y Fomento (luego denominada Comisión Municipal de Folklore) constituida por vecinos de la ciudad electos en asamblea y cuya misión sería la de crear un espectáculo que abarcara los distintos matices del folklore nacional: el canto, la música y la danza. Así fue que en el Primer Festival Nacional de Folklore, realizado del 21 al 29 de enero de 1961, estuvieron presentes delegaciones oficiales de casi la totalidad de las provincias argentinas así como los artistas de mayor prestigio a nivel nacional, configurando una fiesta que sobrepasó las expectativas tanto de organizadores como del público.
Primeras nueve lunas
Aquellos días de enero de 1961 serían inolvidables. Los representantes de una forma de cantar, bailar y sentir tuvieron su oportunidad para desafiar al jazz, al swing y a los pasodobles de moda.
Los estudiosos del folklore supieron afirmar que reavivó el espíritu de la música y baile folklórico que a partir de estas jornadas, se puede marcar un antes y un después en la historia del canto y la danza nativa.
En efecto, la repercusión de las primeras nueve lunas sorprendió a propios y a extraños. Tanto fue así que para enero de 1962, Radio Belgrano llevó el festival a cada rincón del país, alimentando un fenómeno que acercaría al público por cientos y miles año tras año.
La popularidad del evento jamás se detendría, en virtud de su propuesta de difundir el arte popular. Como corolario de su crecimiento, apenas dos años luego de su primera edición, el 28 de febrero de 1963, la presidencia de la Nación decretó con fuerza de ley la “Institución de la Semana Nacional del Folklore a través del Festival Nacional de Folklore de Cosquín”.
Paulatinamente, el festival fue creciendo y con él su importancia tanto en el ámbito nacional como en el exterior. Las delegaciones de todo el país se convirtieron en asiduas participantes, como así también músicos y cantores que traían de cada rincón su mensaje de camaradería y confraternidad.
El festival consiste en espectáculos con folkloristas profesionales, actuaciones en danzas, cantos de solistas y recitadores; peñas tradicionales donde interactúa el público con los artistas, mesas redondas con presencia de profesionales del folklore, pensadores, antropólogos y artistas y feria de artesanías de todas las regiones del país.
En la actualidad, el Festival de Cosquín es el evento folklórico más importante en el país. Multitudes se agrupan en la Plaza Próspero Molina y vibran ante el grito emblemático de "aquí Cosquín" , frase popularizada por Julio Márbiz, recordado conductor del evento, con que se da comienzo a la edición. Figuras de talla internacional actúan en el escenario Atahualpa Yupanqui para deleite de quienes disfrutan de las nueve lunas desde todo el país.
Además, cada noche abren sus puertas las peñas, apadrinadas por famosos cantantes o autores y donde el público baila y disfruta de comidas típicas y buen vino. Los desfiles de jinetes, los fogones en las márgenes del río, los bailes junto a las carpas multicolores, contribuyen al bullicio y la algarabía del este festival que no duerme.
Como complemento, la Feria Nacional de Artesanías y Arte Popular también es un polo de atracción, donde se congregan artesanos de todo el país y de Latinoamérica.
Frente a la plaza, en el edificio que fue el antiguo mercado del pueblo, se encuentra el Centro de Exposiciones, donde se realiza paralelamente con el festival el "Congreso del hombre argentino y su cultura" con la finalidad de hacer comprender las raíces del hombre argentino e indoamericano.
Allí se dictan cursos y talleres para docentes, niños y artesanos, donde participan destacados profesionales, científicos y "maestros" del arte popular. También se dictan cursos de lenguas originarias como el quechua y el guaraní. Se desarrollan exposiciones de cerámica, cestería, escultura, y arte textil.
La cultura se vive en las calles, la gente no sólo va a ver un espectáculo, vive un ritual.
La Plaza Nacional del Folklore en donde actúan los artistas lleva el nombre Próspero Molina quien fuera un empresario argentino, considerado pionero de Cosquín.
Delegación neuquina
Debido a su amor por lo folklórico, Héctor Lombera formó la Agrupación de Arte Folklórico. Dicha agrupación, junto con el conjunto Los Quilli Neuco, lograron el primer premio en la edición de 1964 del festival, al poner en escena el Villatun de la Machi y el baile del Choique.
La delegación estaba integrada por Lombera, su director; su esposa, la docente cipoleña Anita Bartolomeo, Alicia Lita, hermana de ésta y recién llegada de San Luis; además de varios jóvenes neuquinos amantes del folklore como Miriam y Diana Ambrosio, Alberto “Beto” Jara, Pablo Altamirano, Roberto “Roby” Irrázabal y Marilu Larribite.
Por su parte, el conjunto los Quilli Neuco estaba integrado por Carlos Junge -en reemplazo de Aldo Espinosa-, Guillermo Valverde, David Ambrosio y Eduardo de Luca. Como delegada participó Adela Sánchez de Abal.
“Salían desde la Confluencia del Neuquén rumbo a Cosquín, en un viejo colectivo cedido por el gobierno provincial (sin aire acondicionado en pleno enero ni asientos reclinables, ni servicio a bordo) un grupo de jóvenes, quienes, aparte de sus obligaciones laborales diarias (empleados, oficinistas, docentes, talleristas o estudiantes) tenían la costumbre de pasar los fines de semana y otros días feriados o no laborables practicando danzas, canto, música y poesía en el antiguo pero cómodo escenario con que la Compañía Teatral Amancay había dotado a las instalaciones de la Cooperadora Escolar Conrado Villegas (en la actualidad Centro Cultural La Conrado).
Habían cumplido un sueño: el de competir en el escenario mayor del folklore representando a la provincia del Neuquén. Por ello, iban por más. Ubicar a Neuquén en el calendario del folklore nacional, en una época en que según algunos estudiosos 'la Patagonia no tenía folklore'. Aquellos eran tiempos de sueños, de fantasías, de quimeras, donde muchos vivían Neuquén, porque no solamente estaban o vivían en Neuquén… lo vivían, al confiar en la provincia todas sus utopías.
El nuevo sueño se cumplió y podría rememorarse, pero qué mejor que dejar ese relato a cargo de envejecidas fotografías y amarronados recortes periodísticos que recuerdan desde la tipografía de entonces cómo llegó a Neuquén el Camín Cosquín (en algún momento ubicado en una de las vitrinas del Museo Histórico Provincial) y dejar que aquellos que vivieron esa aventura, vestidos con los 'ponchos color del Cóndor' hoy puedan recrearla en el tiempo sin tiempo de las memorias”.
La prensa tituló que “Neuquén conquistó el certamen del Folklore”
La prensa cordobesa y la local dieron cuenta de la noticia de los ganadores en el festival: "La Agrupación de Arte Folklórico Argentino de Héctor Lombera y el conjunto los Quilli-Neuco, componentes de la delegación folklórica enviada a Cosquín, fueron quienes en forma brillante obtuvieron el Primer Premio del IV Festival Nacional del Folklore, enalteciendo el prestigio cultural de Neuquén.
De acuerdo con lo dispuesto en el reglamento, nuestra representación realizó dos cuadros: el primero, un motivo pampeano-sureño titulado 'Un alto en el camino', con la interpretación de las danzas Huella, Firmeza, Amores, Zamba, malambo sureño, y Media Caña; el segundo, un motivo araucano, interpretando una parte del nguillantúm el Puel Purrum, danza que se bailaba en las reducciones araucanas existentes en nuestra provincia en la zona cordillerana".
Continuó la prensa informando: “Nuestro cuadro pampeano lució y gustó mucho por su sencillez, sobresaliendo la vistosidad y originalidad de la vestimenta. El cuadro araucano fue toda una sensación ya que era la primera vez que en un Festival Nacional de Cosquín se veía algo así. Nuestra delegación recibió como primer premio la réplica del indio Cosquín con una placa de oro grabada al pie, además de un diploma de honor destinado al gobierno de la Provincia y la entrega simbólica de la bandera nacional, bandera del festival que permanecerá en nuestras manos durante 1964, para ser entregada el año próximo por la delegación que vaya representando a Neuquén”.
La revista “Folklore”, editada como número extraordinario para Cosquín 1964, cuyo director de redacción fue Marbiz, daba cuenta del detalle de la actuación, de todas las delegaciones provincianas y los premios obtenidos en esa oportunidad.
Los festejos
La celebración al regresar la delegación neuquina a la provincia, no fueron pocos. Los diarios publicaron que en la Avenida Argentina, frente al Monumento a San Martín, se llevó a cabo la presentación del conjunto folklórico. En el palco oficial se encontraban presentes el gobernador Felipe Sapag, autoridades y los niños del Patronato de Menores Mi Hogar.
El ministro de Educación y Asuntos Sociales, Ernesto Bongiovani, pronunció un emotivo discurso, pues los trámites que había realizado a través de su cartera habían sido por demás fructíferos.
Han transcurrido cincuenta años de aquella luna de Cosquín en la que Neuquén resultó ganador del concurso folclórico.
Sin dudas, constituyó una muestra de una cultura local madura que se propagaba a pasos agigantados y que fue creciendo como la misma provincia. Por ello, integrantes de aquella inolvidable delegación están preparando festejos en conmemoración de aquella gesta folclórica en donde Neuquén triunfador se proyectaba en un futuro promisorio, rumbo que nunca abandonaría.