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La desigualdad ganó. Las consecuencias de la crisis de la deuda generada por la política de Mauricio Macri no tienen el mismo precio para todos. Es simple de ver que a los más ricos les fue mejor que a los más pobres, aunque tampoco a los que más tienen les dé para tirar pirotecnia, salvo que jueguen en el sector energético o de las finanzas, que ganaron en tres años y medio como pocas veces en la historia.
Daniel Schteingart, doctor en Sociología, cruzó los datos del Indec de ingresos por deciles de la población con los de la inflación entre el segundo semestre de 2017 y la primera mitad del corriente año. Para el 10 por ciento más pobre de la población (primer decil) los ingresos crecieron la mitad que la canasta básica alimentaria (que marca la línea de indigencia) y por debajo de la mitad de la canasta básica total (que define la línea de pobreza). En números: los ingresos del decil menos favorecido crecieron en el período contemplado un 40,4 por ciento. La CBA lo hizo un 81,6% y la CBT un 84,5%. Ningún decil tuvo menos crecimiento de ingresos que el más pobre.
En la otra punta, el 10% más rico de la población (décimo decil) vio crecer sus ingresos un 59,6%. Es la parte del país que menos perdió respecto de la inflación. El decil que le sigue consiguió una mejora de ingresos del 54,8%, por encima del octavo y séptimo deciles, que mejoraron 50,6% y 49,7% sus ingresos respecto del segundo semestre de 2017. El sexto decil tuvo un crecimiento del 46,6%; el quito, del 47,5%; el cuarto, del 46,8%; el tercero, del 44%, y el segundo, del 42,6%.
Los números de ingresos a la par de los del costo de vida explican la escalada de la pobreza e indigencia.