Por Sofía Sandoval
NEUQUÉN - En Santiago Bacigalup conviven dos personalidades opuestas. Quien mire sus populares videos en Instagram podrá pensar que es un chico desenfadado, extrovertido y gracioso. Pero no se imaginaría nunca que también es un ex alumno aplicado, que analiza estadísticas y se toma su hobby de hacer videos con una insospechada seriedad.
La historia de Santi, que tiene 24 años y está a una tesis de distancia de convertirse en programador, comenzó en 2016 con un frustrado intento de subir contenidos a Yotube. “Hice dos videos largos, de 4 minutos, pero sólo tuvieron cinco mil reproducciones”, dice con una voz demasiado grave para su aspecto juvenil.
Sin embargo, y como buen lector de los fenómenos que se viven en las redes sociales, se subió a una moda de Twitter con una foto graciosa que editó y su contenido se volvió viral. Su hazaña fue detectada por Federico Cyrulnik, otra personalidad de las redes, que le recomendó subir todos sus videos divertidos a Instagram para “hacerlos explotar”.
Obediente, el joven compartió su material en esa red y notó cómo su popularidad mostraba un ascenso elocuente: hoy ya tiene casi 250 mil seguidores y las estadísticas que analiza puntillosamente proyectan una suba de 50 mil por mes. “Este va a ser mi año, me voy a dedicar de lleno a lo social”, sentencia.
El reconocimiento no sólo le hizo ganarse el respeto de sus pares -otras figuras de las redes sociales con quien también grabó videos, como Julián Serrano- sino que le permitió gozar de algunas ventajas de la fama. Hace poco, una agencia de turismo lo invitó a un crucero de egresados y pronto viajará con ellos a Disney, mientras que analiza contratos para hacer publicidad.
“Los que más te contactan son locales o emprendedores que te piden videos o fotos por un canje de ropa o algo así”, señala Santi y asegura que sólo accede a esos acuerdos cuando le gusta el estilo de los productos y puede recomendar las marcas de manera genuina.
Sin embargo, lo que más valora no son esos beneficios sino hacer videos creativos que causen un efecto real. “Lo mejor es ver que te esforzaste y que a mucha gente le gustó”, señala sobre cada contenido que le lleva un día de producción.
Santi es el fiel exponente de una generación que reniega de los medios tradicionales y admite que es difícil para los otros tolerar su atención constante a su moderno celular, que parece casi una extensión de su brazo. “Yo no miro televisión, sólo la uso para ver Netflix; me informo a través de las apps de los diarios”, asegura.
Por eso, considera que el fenómeno de los youtubers e instagramers es un hecho fascinante. “Antes, si querías ser famoso tenías que llegar a la televisión, que era un círculo muy cerrado; hoy cualquiera tiene acceso a expresarse y ganarse un lugar”, dice y agrega: “Ahora la tele te va a buscar cuando sos popular y no al revés”.