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Si quieres ganar un Nobel, dedícate a la prosa. La sugerencia se refleja todos los años en la previa de la entrega del máximo galardón literario, ya que en los pronósticos nunca aparecen mencionados poetas como candidatos. Con el tiempo, los poetas fueron desapareciendo de las ceremonias de premiación.
Ayer, la poesía fue noticia; mejor dicho, una poeta ocupó un amplio espacio en los medios periodísticos cuando la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura 2020 a la estadounidense Louise Glück. Una poeta exquisita que entusiasmó a muchos que no la leyeron con sus poemas y versos que aparecieron rápidamente en las redes sociales. Quienes leyeron sus libros traducidos al español reconocen una poesía íntima en la que la autobiografía nunca se pone por delante del poema.
La historia del Nobel de Literatura está ligada a la poesía, si recordamos que lo recibieron poetas como T.S. Eliot, Saint-John Perse, Neruda, Octavio Paz, Dereck Walcott, entre otros apenas conocidos fuera de sus países. Luego de Gabriela Mistral, la Academia Sueca tardó 50 años en recompensar de nuevo a una poeta, cuando en 1996 lo obtuvo la polaca Wislawa Szymborska. Glück se convirtió en la decimosexta mujer en recibir el máximo galardón literario.
La narrativa siempre relega a la poesía, acaso por cuestiones de mercado y del canon. La distinción a Glück nos lleva a pensar que la poesía es un género que sigue vivo. “Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado”, explicó Glück.