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La Estación Espacial Internacional (EEI) comenzó a experimentar con el organismo inclasificable Physarum polycephalum, conocido popularmente como blob, que durante años fascinó a los biólogos por sus peculiares características: no tiene boca, patas ni cerebro pero capaz de comer, moverse y aprender.
Estos rarísimos ejemplares aparecieron en la Tierra hace más de 500 millones de años. Pese a que inicialmente se lo consideró un hongo, en la década de 1990 fue apartado de ese reino e incorporado al grupo de los amebozoos, al que pertenecen las amebas. Los blobs que fueron enviados a la EEI se encuentran en un estado de latencia denominado esclerocio, en el que el organismo adopta para no morir deshidratado, pero a partir del próximo otoño boreal serán "revividos" con un poco de agua.
El objetivo del estudio es observar los efectos de la ingravidez en el microorganismo y comparar con su comportamiento en la Tierra con el de los enviados al espacio. "Nadie sabe en qué sentido se desplazará, si tomará la tercera dimensión yendo hacia arriba o en sentido oblicuo", comentó Pierre Ferrand, uno de los artífices del proyecto y profesor de Ciencias de la Vida y de la Tierra en el CNES.