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Un papelón muy grande

Se le pianta un lagrimón frente a la tele al hincha que supo disfrutar de los equipos campeones del gran José Pekerman. Les duelen los ojos y el corazón a los fanáticos que se deleitaron con las genialidades de Riquelme, Aimar, Saviola y Messi. Conservan la garganta intacta los que antes terminaban súper afónicos y con la voz maltrecha por gritar los goles de Romeo, Panchito Guerrero, Biaggini y tantos otros. El fútbol juvenil es un fiel reflejo del decadente presente institucional de la AFA. Siguió retrocediendo varios escalones ayer con el papelón de la selección Sub-17, que antes del torneo tenía todo para pasar de ronda pero se quedó afuera del hexagonal final en un grupo de cinco en el que clasificaban tres y en el que perdió tres de sus cuatro partidos, el último ayer en el clásico sudamericano ante Brasil. Además de la verdeamarela, clasificaron Paraguay y ¡Venezuela!, la modesta vinotinto que venció en el debut al paupérrimo equipo de Miguel Micó. En condiciones normales debería decirse que se impone un replanteo en torno a las categorías formativas. Pero en el escandaloso presente que vive la casa madre del fútbol argentino resulta iluso pretender eso... No son capaces de organizar una elección de manera civilizada y transparente, tampoco de ponerle fecha al inicio de los torneos... Hace rato que la conducción perdió el rumbo y ello repercute de lleno en las inferiores. El fútbol argentino se desangra y le muestra al mundo su peor cara dirigencial y deportiva. Y todavía queda rezarle a Messi para que siga en el nivel que mostró ayer de cara a una doble fecha de eliminatorias crucial. Sólo un fuera de serie como él puede evitar que la hecatombe sea general. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Argentinita!

El fracaso de la Sub-17 se suma al pobre papel de la Sub-20 (más allá del milagro final) y a la debacle de Río 2016.