Cuando existen situaciones conflictivas y las autoridades competentes toman decisiones que de antemano se sabe que serán sólo para atenuar un poco, casi nada, el impacto del problema, se habla de un “parche”.
A fines del mes pasado, Vialidad Nacional decidió cerrar el acceso que permitía subirse a la Ruta 22 en dirección hacia el centro de Neuquén desde la calle Obrero Argentino. Entre los argumentos se destacaba el objetivo de mejorar la circulación en la zona de los puentes, totalmente colapsada en los horarios pico, de 7 a 9 y de 18 a 20.
Estaba claro que se trataba de un “parche”, pero esta vez ni siquiera eso funcionó. Quizás desde el organismo muestren algún número que justifique que fue una medida acertada. Sin embargo, lo cierto es que para los miles de automovilistas que sufren este karma nada cambió.
A la mañana, las colas en Cipolletti son interminables, tanto en la Ruta 151 como en la 22. Por la tarde, en la multitrocha, ya a la altura de la Bahía Blanca se empieza a transitar a paso de hombre.
Nada vamos a descubrir si decimos que la conclusión y habilitación del Tercer Puente a la vera del río Neuquén descomprimiría sensiblemente el caos vehicular en los puentes, pero pareciera que esta obra no está en la verdadera agenda de los funcionarios y las promesas de los políticos; precisamente quedan en eso, promesas.
Un párrafo final merece el trastorno que padecen los vecinos del barrio Confluencia, que no pueden usar más la Obrero Argentino para ingresar a la ciudad porque ahora se ven obligados a circular por calles de tierra que presentan un estado que dista mucho de ser el ideal.