Esa beneficiosa medida debía traer aparejada otra ventaja porque la tarifa de taxis está atada, por ordenanza, a la variación en el precio de los combustibles. Incluso establece de forma explícita el lugar del parámetro: la estación de servicios del ACA de la diagonal 25 de Mayo.
De no creer: los taxistas quieren que la tarifa esté sujeta a lo que cuesta el combustible a 1200 kilómetros.
¿Cuál sería la lógica? Que baje el costo de los viajes. Así de sencillo y claro.
Sin embargo, en una petición casi inverosímil, los taxistas reclaman que la tarifa quede sujeta a los valores vigentes en la Ciudad de Buenos Aires. Parece un chiste, pero es real. También es preocupante cómo algunos políticos les permitirían avanzar con esa ridícula exigencia y les abren la puerta para que presionen en pos de no tener que aplicar ese justo descuento. Habrá que esperar a ver cómo termina esta parte de la novela (la otra es la que tiene a los propietarios pidiendo prórrogas para instalar los GPS), pero lo cierto es que al usuario le están tomando el pelo. Ahora, también es real, es muy difícil pretender coherencia en un país en el que un gobierno naciente que hizo campaña con la promesa de respetar las instituciones, designa dos jueces para la Corte sin que sus pliegos pasen por el Senado.