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La pandemia no nos da respiro, es una ola que amenaza con arrasarnos. Mientras tanto, observamos con cierto optimismo que cada vez es más la gente conocida que sube a sus redes la foto mientras le están aplicando la vacuna contra el COVID o muestra el carnet de vacunación. En ese momento creemos que con ese hecho concreto podremos afrontar nuestra cotidianidad más tranquilos. Pero no.
Damos vuelta la página y aparece algo nuevo que nos vuelve a colocar en esa tensión, a desbordarnos de temores. Cuando escuchamos sobre la variante Delta y su mayor transmisibilidad que otras cepas, volvemos a sentirnos vulnerables, como nos sentimos desde hace casi un año y medio.
De eso conversábamos con un amigo, ambos vacunados pero cumplidores del distanciamiento, acerca de esto nuevo que ahora nos atormenta: la existencia de una nueva variante. Y con ello saber que la propagación de nuevas variantes es perfectamente esperable. Si bien en la provincia el plan de vacunación se destaca por su buena marcha, abarcando a distintos grupos etarios con buenos porcentajes de aplicación de primeras dosis y, en algunos casos, completando los esquemas, aún queda intensificar los mensajes destinados a quienes son reacios a inyectarse una de las fórmulas que detenga al coronavirus.
“La vacuna sirve, la vacuna salva vidas, baja la tasa de infección, baja la tasa de propagación del coronavirus, evita las mutaciones del virus y las nuevas cepas”, insiste la médica del hospital Castro Rendón Adelaida Goldman. Nadie debería perderse ese momento previo al pinchazo y esa emoción porque “la gente llega asustada, le explicamos todo, se tranquiliza y se va contenta”, como describió mi vacunadora.