Seguro es el peor dolor de muelas de la gestión del intendente Quiroga. Y difícilmente pueda competir por su reelección con éxito si no le encuentra la vuelta. El deficiente servicio de Indalo tiene a mal traer no sólo a los usuarios sino también a los choferes que sufren agresiones de los descontentos y el ataque de los violentos. Y ahora, dicen, ni siquiera funcionan los botones antipánico que les proveyó la empresa.
El Municipio, para mitigar el vía crucis de los pasajeros, anunció la compra de 15 unidades para trazar un ramal nuevo, lo que sería una buena noticia si, como viene sucediendo, la intrincada trama contractual que heredó Pechi no convirtiera el caso en un intento de hacer trekking por el Everest en alpargatas.
El asunto parece insoluble y Quiroga, condenado a subsidiar un servicio impresentable hasta el resto del contrato. El municipio acompañó la iniciativa de los concejales y ahora espera los resultados de la auditoría encargada a los técnicos de la Universidad del Comahue. De allí seguramente saldrá una carta ganadora, aunque apenas contribuirá a presionar a una empresa que no se da por aludida. Entonces, como está planteando el candidato a intendente Gastón Contardi (Confluencia por Neuquén), una vía de solución sería redactar nuevas bases y otro llamado a licitación. Pero hay otra vía: la relación de fuerza tras una compulsa política. Ya lo propusimos desde esta columna alguna vez, pero vale la pena insistir: se trata de llamar a un plebiscito entre los vecinos a favor de reemplazar el servicio por otro que funcione; sería un referéndum que incluya saber si están dispuestos a correr con el riego y los costos de acabar de una vez con un contrato leonino y un servicio de terror.