Esta situación podría tomarse como una buena ocasión para que autoridades provinciales y municipales analicen cómo premiar a estas jóvenes que durante un año representarán a la ciudad en la que residen. Más teniendo en cuenta que no solo se premia la belleza sino también los conocimientos que posea sobre la realidad del lugar donde vive.
¿No sería más provechoso para la joven elegida ofrecerle algo más que una semana de diversión y esparcimiento? ¿No sería más útil ofrecerle una beca de estudio o de capacitación?
Quizá, equivocadamente, las autoridades entienden que ser joven es solo sinónimo de diversión y alegría.
¿Qué podrá transmitirles la futura reina a otros jóvenes de las experiencias vividas tras viajar 9.650 kilómetros y que puedan serles de utilidad para la realidad que viven o sufren cotidianamente?