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Un refugio histórico y de la poesía

Pablo Montanaro
Editor de Neuquén Ciudad
 
La Torre Talero viene sufriendo los embates del paso del tiempo y, lo que es más grave aún, la desidia de las autoridades y el desinterés por aquello que representa el patrimonio histórico y arquitectónico de una ciudad.
Lo que sin duda ha provocado la indignación de los vecinos.
El edificio construido por Eduardo Talero, secretario de la gobernación entre 1903 y 1906 y quien tuvo a su cargo el traslado de la capital de Chos Malal a Neuquén como gobernador interino, es una de las viviendas más antiguas de Neuquén. 
Hoy, apenas sobreviven los rojos de los ladrillos y los grises por el paso inexorable del tiempo.
Para lograr su objetivo de que el edificio tuviera la condición de ser un lugar de trabajo y meditación, Talero trajo constructores de España para su edificación.
Amigo del cubano José Martí y del nicaragüense Rubén Darío, Talero destacó la importancia del barro y piedras de América, porque como escribiera en un poema “en la piedra medita nuestro yo misterioso y profundo”.
Y en ese refugio espiritual, el cual fue hecho por amor hacia una mujer casada, Talero escribió los siguientes versos dedicados a su castillo: “Mi torre es humilde porque está hecha con barro de América/ Y no con bloques sangrientos de Europa,/ Porque no es trofeo de gloria quimérica,/ Sino de esperanza viril es la copa”. 
Y más adelante agrega: “Sentir que en las propias arterias palpita la vida de un mundo. Y saber, saber bien que en la piedra medita nuestro yo misterioso y profundo”.