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Un siglo de vida de trabajo fecundo

Inmigrante italiana del norte, con su marido trabajaron la tierra en Cipolletti y Cinco Saltos. En diciembre pasado cumplió 100 años, llenos de lucha.

Por VICKY CHÁVEZ

Neuquén > Las razones que atrajeron a tantos inmigrantes a la Argentina son variadas, la mayoría se debe a que partían de su tierra natal por los conflictos sociales y económicos. Entre fines del siglo XIX y principios del XX, en Europa se sucedieron guerras y crisis políticas y económicas que obligaron a muchos de sus habitantes a emigrar. La baja de salarios, el desempleo y las persecuciones políticas fueron algunos de los motivos. Por entonces, en Europa se producía una fuerte modernización tecnológica conocida como la Segunda Revolución Industrial, una de cuyas consecuencias más críticas era la disminución de la demanda de mano de obra. La poca fertilidad de los campos, que mermaba la producción de cereales, empeoraba la situación. Así, las tierras comenzaron a quedar despobladas. Muchos europeos ya miraban hacia América y especialmente hacia Argentina, una nación promisoria, tan naturalmente rica como desierta.
 
La familia de Catalina
La madre de Catalina se llamaba María Nicoletti y su papá José Selle. El padre murió durante la Primera Guerra Mundial cuando ella tenía cuatro años. Además de Catalina, tuvieron dos hijos: Olivo y Güerino. Luego, María se casó en segundas nupcias con el hermano de su marido, y nacieron Gino y José, que falleció cuando era pequeño.
Catalina perdió a su madre a los 14 años, por ser menor debió instalarse en un hogar de huérfanos hasta cumplir los 18. Alcanzada la mayoría de edad, tuvo la fortuna de que el gobierno italiano regalara a cada huérfana una máquina de coser o tejer. “Con su máquina pudo ganarse la vida, realizaba todo tipo de tejidos que luego vendía”, nos contó su hija Ana.
 
Esposo e hijos
En 1933, Catalina conoció a Juan Ippi, oriundo de Roncegno, provincia de Trento, quien se convertiría en su marido.
Juan tenía nueve hermanos, y con cinco de ellos más su madre vinieron a la Argentina en 1928. El principal motivo era que aquí ya estaba radicada una hermana. La otra razón para emigrar fue que al terminar la guerra la reconstrucción de las ciudades fue muy lenta y poco trabajo era el que había. Vinieron al Valle y se instalaron en Puente Suspiro, Cipolletti. Poco después, Juan regresó a Italia para vender sus propiedades con la finalidad de radicarse definitivamente en nuestro país. Jamás se hubiera imaginado que en Italia lo esperaba el amor: conoció a Catalina y a los 28 días contrajeron matrimonio en Feltre, un pueblito cercano al lugar donde nació ella.
Su hija Ana nos cuenta que “acudió mucha gente al casamiento, porque mi mamá fue la primera novia que se casaba de blanco. Antiguamente se casaban de oscuro, pero mi papá había visto que las argentinas se casaban de blanco; le gustó esa moda y la trasladó a su propia boda”.
Después de una breve luna de miel en Roma, Catalina y Juan se embarcaron hacia Argentina. Arribaron el 1 de enero de 1934 y se instalaron en una chacra en Cipolletti, en donde  nacieron sus seis hijos: María, Efrén, Carmen, Rolando, Ana y Rosendo.
 
El trabajo en la chacra
En un principio, la familia sólo cultivaba verduras y criaba animales para el consumo. Pero de a poco los manzanos fueron apareciendo, gracias a que Catalina juntaba las semillas de las manzanas que consumían y las hacía germinar. En poco tiempo las plantas crecieron, fueron trasplantadas y comenzaron a dar frutos. Pasados quince años, el matrimonio logró comprar otra chacra en Campo Grande. Fueron muchos años de sacrificio, de trabajo duro y de carencias.
 
Los hijos
Los seis hijos de Catalina y Juan fueron criados en la chacra y todos realizaron trabajos en ella. María colaboró en la chacra hasta que se casó. Tiene una hija y tres nietos. Con el tiempo, Efrén se dedicaría a la mecánica. Se casó y tiene dos hijos y cuatro nietos. Carmen trabajó en la chacra hasta que se casó, tiene cuatro hijos y siete nietos. Rolando sigue viviendo en la chacra de origen, tiene cuatro hijos y tres nietos. Ana estudió magisterio. Fue compañera de promoción de la autora de esta nota, egresadas de la vieja Escuela General San Martín. Como vivía en la chacra, los días de semana se alojaba en la casa de una hermana casada que residía en la capital. Tiene tres hijos y tres nietos. Rosendo se casó joven; se fue a vivir a la chacra de Campo Grande y se dedicó, como Efrén, a la mecánica. Tiene dos hijos y tres nietos.
 
Los últimos años de Juan
Por problemas de salud,  Juan se trasladó a vivir a la ciudad de Buenos Aires, y al poco tiempo Catalina lo acompañó y vivieron allí hasta que su esposo falleció en 1977. Luego del deceso de su marido, Catalina se trasladó a Cinco Saltos donde vivió hasta el año 2011. Al quedar viuda, dedicó su tiempo a tejer prendas para donar a Caritas y otras instituciones solidarias.  
A mediados del año pasado, Catalina ingresó al hogar Ruca Che  Che, ubicado en cercanías  a La Mayorina. Allí festejó  sus 100 años de vida junto a su numerosa familia.
La Mayorina fue una bodega fundada por Augusto Celestino Mengelle y su esposa, Mayorina Mazza.
Mientras realizábamos la entrevista en pleno festejo de los 100 años de Catalina, pudimos observar la casa que alojó a Mengelle, aún conserva el atractivo que tuviera en otros tiempos.
La de Catalina y Juan es otra historia de inmigrantes que acrecientan la historia regional. Su obra es continuada por sus hijos que enraizaron en el mismo lugar que sus padres. Catalina celebró sus 100 años junto a sus hijos, nietos y bisnietos quienes festejaron la alegría de poder abrazarla.