Es cosa de chicos”, dicen algunos padres. “Es normal entre los chicos”, explican otros. Lo cierto es que no siempre las personalidades de los chicos están preparadas para enfrentar la agresividad de otros dentro de un aula o en el patio de la escuela. El maltrato escolar no es nuevo, pero tomó mayor impulso en el último tiempo a través de las redes sociales. Según estudios, en la Argentina, 4 de cada 10 estudiantes admite haber sufrido acoso escolar y el 66 por ciento de los alumnos tiene conocimiento de situaciones constantes de humillación, hostigamiento o ridiculización.
Ayer, el padre de una alumna de una escuela de esta ciudad, víctima de acoso escolar, se decidió a dar a conocer el padecimiento que sufre su hija, quien llegó a escribirle una carta a su madre, acaso desbordada por la desesperación, la soledad y el sufrimiento, donde le confesó: “Soy una manzana podrida porque nadie quiere jugar conmigo, nadie me habla y todos me maltratan”. La chica llegó a encerrarse en el baño de su casa con un cuchillo.
Preocupados por la situación, los padres de la chica de 10 años explicaron que presentaron la situación de su hija ante la escuela y el Consejo Provincial de Educación sin obtener respuestas.
Pero no siempre los chicos pueden contar lo que les pasa o expresar como lo hizo esta chica a través de una carta. Y no siempre los adultos saben (sabemos) cómo ayudarlos.
En este caso, la carta funcionó como señal de alarma, pero no siempre los chicos expresan lo que les sucede.
Esa carta, esa alarma, facilita de aquí en más la posibilidad de intervención de los adultos, ya sean los padres, las autoridades del colegio o un profesional.
“Soy una manzana podrida que todos maltratan”, escribió una chica de 10 años que sufre acoso.