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Una elección horrible

La política debe elegir entre las necesidades de la salud y las de la economía. Consenso de gobernantes.

La cuarentena no se puede levantar. La cuarentena no puede seguir. Es la política Bill. Clinton, el ex presidente norteamericano, acuñó la máxima “es la política estúpido” en la campaña contra George Bush padre, quien iba por la reelección en un camino ondulado, que al final lo depositó fuera de la Casa Blanca. Ahora, con la encrucijada entre la salud y la economía, que en grandes líneas y sin alejarse de la honestidad, que impera frente a la pandemia de coronavirus, claramente es el momento para la política.

La cuarentena no debiera relajarse para cumplir con las necesidades sanitarias. La cuarentena debería desaparecer para cumplir con las urgencias de la economía. La cuarentena es una decisión política ciento por ciento. La política va a pagar el costo más caro del coronavirus. Dijimos en este espacio que las economías de los países no discriminaron ideologías, todas cayeron con la expansión del coronavirus. Con cuarentenas más rígidas se minimizaron los muertos, por lo general. Hay una excepción para justificar cualquier creencia. Cada uno tiene derecho a creer lo que quiera.

En la cúspide de las responsabilidades no hubo contradicciones grandes entre los dirigentes que gobiernan, más bien se dio un alto nivel de consenso.

Con la mirada de los expertos en diversas materias, la política actúa frente a un desafío inédito. Se sabe que la expansión del virus depende del tránsito humano. Es matemática: a mayor cantidad de circulación serán más los casos positivos, y en ese escenario es altamente probable que haya más muertos. También es cierto que la restricción total a la circulación de personas paraliza la economía. Hacer política a veces es elegir entre opciones horribles.