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Una esposa abandonada. ¿La primera demanda por alimentos?

Un expediente de 1906 recrea el drama de Leonida, una mujer que quedó sola con dos hijas pequeñas.

Leonida estaba tan desesperada como triste y enferma. Su esposo la había abandonado por otra mujer sin hacerse cargo de las dos hijas que vivían con el matrimonio.

Corría el 27 de julio de 1906 cuando Leonida decidió escribirle una carta al juez Patricio Pardo pidiendo su intervención. No buscaba que la justicia convenciera al hombre para que regresara a su casa; necesitaba que lo obligaran a que una parte de su sueldo lo destinara para la compra de alimentos para ella y sus niñas.

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La carta que forma parte del expediente 218 del Juzgado Letrado estuvo más de un siglo guardada entre otras demandas judiciales y es probable que haya sido la primera demanda de alimentos que se inició en el territorio de Neuquén, hasta que volvió a ver la luz hace un par de años.

“Acuña de Guzmán Leonida, contra su esposo”, reza la carátula del expediente color celeste pálido que lleva impreso el escudo de la República Argentina, junto a otras anotaciones técnicas agregadas con pluma de tinta.

“He sido abandonada por mi esposo y dos hijas que tenemos; una legítima y otra adoptiva, sin más causas que haberse aquel vinculado con otra mujer”, reza la carta escrita con una muy prolija caligrafía y con evidente tristeza.

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Leonida le explica al juez su situación de la manera más sencilla posible. Sostiene que su esposo le ha retirado los alimentos a ella y a sus hijas “sin que se haya podido conseguir vuelva a su hogar ni que los socorros a que está obligado por ley los dé”.

Fundamenta su desesperado pedido en la precaria situación de salud en la que se encuentra: enferma y “con dos tiernos seres que alimentar y vestir” por lo que le solicita al juez que le ordene a su marido que de los 70 pesos que gana como sargento de la Policía le pase lo necesario hasta tanto ella pueda autosustentarse. También le aclara que al momento de escribir la carta su esposo está momentáneamente ausente de la ciudad por trabajos que tuvo que realizar con el jefe de la fuerza.

Antes de finalizar, Leonida pide disculpas al juez por la calidad del escrito. “Ruego a usted que acepte este escrito en papel simple, por carecer de recursos para comprar papel sellado,” dice la mujer y remata la nota con la esperanza de que “Será Justicia”.

El trabajo judicial del territorio neuquino no fue sencillo durante los primeros años de la fundación de la ciudad de Neuquén.

La constante falta de recursos y la continua llegada de gente desde remotos lugares para radicarse en la nueva capital hizo que los encargados de impartir justicia atendieran todo tipo de situaciones y urgencias de manera cotidiana, desde los casos más graves como los homicidios, los robos y las sangrientas peleas callejeras (muy comunes en esos tiempos) hasta las demandas personales desesperadas como la de la desdichada Leonida.

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¿Qué habrá sido de la vida de esta mujer? ¿Cómo sobrevivió con sus pequeñas hijas? ¿Cuál fue la decisión del juez frente a este reclamo?

Del viejo expediente solo se encontraron tres hojas: la carátula y la carta de ella. Solo dice en el final, que el juez aceptó el “escrito en papel simple” y que le dio curso a su reclamo.

Si tuvo éxito o no, solo lo conocieron los protagonistas. Y, por supuesto, sus descendientes a través de la historia familiar que heredaron.

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