Más allá de algunas limitaciones y errores, desde hace unos pocos años los vecinos empezamos a disfrutar de mayor cantidad de eventos que, además de lograr convocar a un público masivo, dejan una marca en nuestro quehacer cotidiano. Pienso, entre otras, en la Feria del Libro, de la que el año pasado se realizó la segunda edición con la más que acertada decisión por parte de las autoridades municipales de no cobrar entrada, como sí ocurrió en la primera, generando el rechazo del público, ya sea del ávido lector como del que no lo es.
Desde ayer y durante este fin de semana en esta ciudad podremos ser protagonistas de una celebración popular de la que hasta hace poco tiempo carecíamos.
La Fiesta de la Confluencia no solo pretende ser un evento para disfrutar en familia y con amigos, sino también, como su nombre lo indica, nos convoca a sumergirnos en lo más profundo de nuestras raíces, en una identidad que defina y contenga a todos sus habitantes.
Alguno, con sobrada razón, saldrá al cruce y dirá que la identidad neuquina no se formará ni trascenderá solo con una fiesta que propone espectáculos artísticos. Pero esta fiesta puede convertirse en un sello más de esa identidad que nos defina más allá de las circunstancias económicas coyunturales.