Hasta ahora, el MPN pudo traducir en números la omnipresencia de sus tres hombres de campaña y esa suerte de ostentación que es la suma de militancia, recursos y estructura estatal que muchos partidos querrían para sí a la hora de medir sus chances.
El oficialismo provincial, poniendo todo su poder de fuego en una elección que podría verlo derrotado, asume un riesgo pero también la posibilidad de acelerar el tiempo y dar un certero golpe de nocaut camino a la elección del 26 de abril.
Así las cosas, si logra imponer el aura imbatible que su fórmula se empeña en instalar a fuerza de discursos y de una apabullante cartelería de campaña, desatará poco menos que una vuelta olímpica anticipada.
El riesgo de no conseguirlo implica un resquicio para el kirchnerismo –la fuerza que marcha segunda para la encuestología vernácula–, que quizás forzando la lógica de la ecuación electoral, buscará llevar al plano provincial una realidad que obedecería más a variables locales.