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Una fuerza imparable

Ni las palabras, ni las fotos ni los videos alcanzan para entender el significado del Encuentro Nacional de Mujeres que el fin de semana tuvo su edición número 33 en Trelew. El evento más importante del país, único en el mundo en cuanto a discusión de las problemáticas de las mujeres, travestis y trans, pasó de la invisibilización de algunos medios hegemónicos al desprestigio fácil y mentiroso.

El modo de operar se repite con fuerza desde hace tres años, cuando por primera vez las fuerzas de seguridad reprimieron en el ENM de Mar del Plata en el 2015, justo cuatro meses después de la revolución del Ni Una Menos. Desde ese momento, algunos encontraron su noticia: mujeres mostrando los pechos, pintadas en las paredes y escraches en las iglesias. Este año, con más ensañamiento, eligieron mostrar hechos irrelevantes y omitir lo masivo, contundente y pacífico pero rebelde del evento. El concejal Francisco Sánchez, de Cambiemos, hasta nos trató de “horda bestial sin control”, por un mínimo grupo que agredió a la Iglesia. Pero no repudió los piedrazos y amenazas que recibimos en las escuelas y en los colectivos, ni las golpizas por parte de policías de civil. Tampoco dijo nada de las cincuenta mil llegadas de todo el país que marchamos con alegría mientras agradecíamos a los vecinos. Y mucho menos se preocupó por conocer los verdaderos debates y reclamos que atravesaron esos tres días.

Ninguna entiende lo que es el ENM hasta que participa y, cuando vuelve a su ciudad, algo en ella cambia.

Pero nosotras estamos tranquilas. Ninguna entiende lo que significa el ENM hasta que participa de uno, y cada vez que vuelve a su ciudad cambia algo en ella y en su alrededor. Por eso pasamos de ser 600 en 1986 a ser 50.000 este año. Por nuestra fuerza, convicción y coherencia es que siempre, “a pesar de todo, les hacemos el Encuentro”.