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Una historia que no terminó

Fernando Castro

Con los matices de cada caso, la lógica de los dos primeros resultados electorales del 2015 sigue inalterable. Luego del triunfo categórico en Chos Malal, el MPN intentó teñir de euforia el siguiente test, pero esta vez no lo logró: en Zapala, la intendenta Soledad Martínez hizo prevalecer el grado de aceptación de su gestión y el mal recuerdo que dejó la última del partido provincial en amplios sectores de la ciudad del centro provincial.
En esta oportunidad no fue suficiente la influencia de la fórmula provincial ampliada (Sapag+Gutiérrez+Figueroa), ni tampoco alcanzó la exuberante disponibilidad de recursos para apuntalar a Juan “Joni” Grandi, un candidato que era casi la más pura expresión de una incógnita.
El oficialismo apostaba ayer a -también- dejar  sin chances a la oposición con un triunfo, por el margen que fuera, para despejar el camino hacia el 26 de abril, fecha de la contienda provincial.
No lo consiguió, y por eso la disputa hasta ese día seguirá en el plano de las encuestas y las sensaciones que vengan de uno y otro lado.
Para el FpV, del que forma parte Martínez, lo de ayer fue una bocanada aliviadora. Y le permite coquetear, en el plano simbólico, con la idea de que pudo contener esa marea irrefrenable que pareció el MPN tras la elección del norte neuquino y que sus candidatos se empeñan en instalar en cuanto acto participan. Le permite jugar, también, con la idea de que a 17 días de la elección provincial, tiene derecho a pensar en la épica de un batacazo de ribetes históricos, que nunca se registró en la provincia.
Perder ayer lo hubiera dejado casi en la lona, viendo las estrellitas que suceden a los estruendosos rectos a la mandíbula.