PABLO MONTANARO
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NEUQUÉN
La parroquia Inmaculada Concepción es la única de esta ciudad que cuenta con un cinerario donde pueden depositarse las cenizas de los difuntos. Emplazado a la salida de la capilla de la iglesia ubicada en Antártida Argentina 740, funciona desde el 8 de marzo pasado, cuando fue bendecido por el párroco Carlos Alberto Duhourq.
El cinerario consiste en un monumento de tres metros cúbicos de profundidad en donde familiares de difuntos pueden depositar las cenizas de sus seres queridos.
“El cinerario está abierto a toda la comunidad que desee realizar este gesto piadoso de depositar las cenizas de sus seres queridos cuando han decidido proceder a la cremación de sus restos”, comentó Juan Carlos Comoli, integrante de esa congregación cristiana. Y agregó que por cada metro cuadrado caben las cenizas de 1500 personas.
La parroquia recibe primero el pedido de los familiares, luego solicita el certificado de defunción y la autorización de traslado de cenizas que da el cementerio y como último paso les entrega una bolsa de papel para que depositen en ella las cenizas.
Comoli aclaró que en la bolsa no deben incluirse objetos ni materiales, por ejemplo medallas. El servicio que ofrece la parroquia es gratuito.
Ese espacio físico denominado cinerario retoma la antigua tradición de sepultar a los difuntos en las inmediaciones del templo parroquial.
En ese lugar no se colocan placas recordatorias, ni velas u otro objeto, sólo hay una imagen de Jesús y la frase “Yo soy la resurrección y la vida”.
El cinerario tiene por objetivo solucionar el problema de la disposición final de las cenizas de los difuntos que fueron cremados, en un lugar apropiado. “Muchas familias no saben qué hacer con las cenizas de los suyos, en algunos casos tienen dos o tres urnas en sus casas”, comentó.
En la actualidad, en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en el barrio El Progreso, se está construyendo otro cinerario, que se convertirá en el segundo en la ciudad.
LUGAR ESPECIAL
Bergoglio dio la autorización
En Argentina, los padres Miguel Ángel Lagilla y Eduardo González le llevaron la idea de instalar cinerarios en las parroquias al por entonces cardenal Jorge Bergoglio, cuando el actual papa Francisco estaba al frente del Arzobispado de Buenos Aires.
Tras constatar en un documento del Vaticano algo que los padres ya venían afirmando que la sociedad moderna no da lugar a los muertos.
Bergoglio no puso objeciones y en enero de 2006 difundió recomendaciones sobre la instalación de cinerarios.
Para Lagilla, que las parroquias cuenten con cinerarios “no es hacer necrofilia”, sino “dar a los muertos el lugar que les corresponde en el cuerpo místico que es la Iglesia”.
El nombre de cinerario fue tomado de un ritual de exequias español.
La cremación: de la reprobación a una solución
NEUQUÉN
En el Código del Derecho Canónico de 1917 se reprobaba la cremación “por las perversas ideas de que están imbuidos y los fines depravados que persiguen sus más entusiastas defensores, entre los cuales se cuentan los afiliados a la masonería”. Esto fue modificado durante el Concilio Vaticano II y luego en el Código de Derecho Canónico de 1983. Antes, el ritual de las exequias de 1969 autorizaba “a quienes han elegido la cremación de su propio cadáver”.
El Código de Derecho Canónico declara que la Iglesia “sinceramente recomienda que la piadosa costumbre de enterrar el cuerpo de los difuntos se observe; sin embargo, no prohíbe la cremación, a menos que haya sido elegida por razones contrarias a la enseñanza cristiana”.