Hay una historia detrás de cada persona, hay una razón por la cual son como son”, sostiene como premisa la hermana Mónica Astorga, hermana del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Centenario, quien desde hace más de nueve años brinda contención y ayuda a las travestis que desean salir de ese mundo oscuro de la prostitución al que se vieron obligadas (o no) a ejercer por no conseguir un trabajo digno.
Desde que LM Neuquén dio a conocer su dedicación hacia un grupo de mujeres transexuales que con el correr del tiempo pudo abandonar lo que el lugar común dice que es el trabajo más viejo del mundo, no fueron pocos los neuquinos que destacaron su esforzada y titánica tarea. Ahora se conoce, por la propia religiosa, que travestis de otras partes del país se contactaron con ella para pedir su contención y ayuda espiritual.
Lo que llama la atención es que sean integrantes de la Iglesia Católica neuquina quienes les hayan abierto las puertas, teniendo en cuenta que la institución rechaza la prostitución al igual que cualquier otro tipo de relación sexual fuera del matrimonio.
Para las travestis llegar a la (última) instancia de pedir ayuda a la Iglesia fue el gran desafío que tuvieron que asumir para pensar en un futuro distinto, alejado de las oscuras calles y rutas. Astorga, como el padre Ítalo y la hermana Mariucha, escucharon sus dolores y sufrimientos. Les ofrecieron un camino para capacitarse y tener una salida laboral. “Les pedí que tengan fe porque, si no, estaban muertas. Después les pregunté sobre los sueños que querían cumplir”, les dijo la religiosa cuando las conoció, como un impulso para que pudieran apostar a ellas mismas.