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Una luchadora contra el olvido

Noemí Labrune significa el triunfo de la ética sobre el horror, empuñando la lucha por la memoria.

Se presenta como una vecina del Alto Valle que le tocó vivir el más aberrante golpe militar de la historia argentina, y con ello la experiencia más importante de su vida: ser convocada en plena dictadura por el obispo Jaime De Nevares para fundar en Neuquén la delegación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Desde ese lugar, Noemí Labrune organizó las primeras denuncias contra los responsables de violaciones a los derechos humanos y, ya en democracia, impulsó las causas contra los represores, muchos de los cuales han sido juzgados y condenados en los juicios que se realizan desde 2008.

“A lo mejor no hemos podido salvar alguna vida pero sí hemos impedido que el terrorismo de Estado nos arrasara a todos”, me dijo en una de las tantas charlas después de la sentencia del primer juicio.

El próximo miércoles esta inclaudicable luchadora recibirá el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). Merecido reconocimiento que la hace sentirse muy honrada, pero prefiere hablar de un logro colectivo.

No tiene hijos desaparecidos, sin embargo, en 1977 empezó a golpear las puertas del Comando de la Sexta Brigada de esta ciudad para averiguar el destino de los secuestrados y detenidos, muchos de los cuales hoy están desaparecidos. Ni siquiera la “achicó” la pistola que el teniente coronel Oscar Reinhold ponía sobre su escritorio cuando iba en busca de respuestas por el destino de los secuestrados, de los desaparecidos. Noemí significa el triunfo de la ética sobre el horror, puso su ilimitado esfuerzo al servicio de la causa por la vida, empuñando la lucha por la memoria contra todas las formas del olvido.