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Una nota inapelable

Es cierto que el mundo no estaba preparado para el COVID-19. Pero lo argentinos lo estábamos menos. Pensamos y hasta nos agrandamos cuando en el resto del planeta nos pusieron como ejemplo de cómo sobrellevar una pandemia, pero nos duró poco. De los mejores alumnos pasamos a ser del grupo de los peores. Fue como esos chicos de la clase que ponen toda su atención durante un breve tiempo y después se distraen con otras cosas. Y el resultado del examen es flojo, por no decir, muy malo.

Cumplimos a rajatabla la primera cuarentena durante dos o tres semanas. Tratamos de convencernos de que era lo mejor y que la salud era lo más importante, inclusive más que la economía, aunque muchos pagaran un precio alto (altísimo) por eso. Pero ese interés se desvaneció con el correr de los meses. Dicen algunos especialistas que fue cansancio por el aislamiento interminable y que se tendrían que haber aplicado otras medidas más eficaces como los testeos masivos para aprender a convivir con una enfermedad que había llegado para quedarse. Pero ahora es tarde.

El tema de la pandemia dejó de ser importante para los medios, la dirigencia política y la ciudadanía.

Los contagios se multiplican, las muertes se acumulan y la economía sigue en picada. El famoso pico nunca termina de llegar y en los medios el tema dejó de ser el más importante. También para la dirigencia política, enfrascada en otras cuestiones. Y también para la ciudadanía, que ya no le hace caso a nadie, aunque las balas piquen cada vez más cerca.

Cuando llegue el fin de la pandemia (¿con la vacunación masiva?) y se cuenten los números finales tendremos la calificación de nuestra prueba. Todos sabemos que será una nota justa e inapelable. Y que seguramente no será buena.