Las novelas atrapan. Desde tiempos remotos, las intrigas familiares enganchan a la gente, y con la irrupción de la TV los escándalos se adueñaron cada vez más seguido de la pantalla. Nos gusten o no los ahora llamados “programas de la tarde”, cualquiera sea el tiempo que le dediquemos a una revista de farándula mientras esperamos el turno en la peluquería, saber de la vida del otro tiene ese no sé qué... y nos roba unos minutos el chisme del día, de la semana, del año. Y si el reality incluye como protagonistas a los cada vez más numerosos “Maradona”, con un lastre de personajes centrales, secundarios y extras, potenciado todo por las redes sociales, en las que cada tuit se convierte en noticia, el banquete está servido desde el vamos.