Una playa para la pleamar

Está a 200 metros del centro de Las Grutas y tiene tres bajadas.

Las Grutas.- Cuando sube la marea y el viento la empuja a chocar contra el acantilado, la playa desaparece entre la Primera y la Tercera Bajada, el sector más densamente visitado de Las Grutas.
Sólo perdura una franja de arena de la Cuarta a la Séptima, y es donde la gente se acomoda como sea, indeseable para el que prefiera un espacio amplio para disfrutar de su descanso.

Mientras que hacia el lado opuesto –el norte- aparece un recodo en la línea de la costa que desnuda otra lengua de playa que resiste incluso las pleamares extraordinarias, condición que atrae a los veraneantes conocedores del comportamiento del fenómeno.

El lugar está a unos 200 metros del centro y cuenta con tres bajadas, conocidas como Cero, La Rueda y Pewans.
Lo más acertado es llegar caminando, ya que en la Costanera no se permite el ingreso de vehículos y se complica ubicar un lugar donde estacionar un vehículo.

La concentración de veraneantes seduce a los vendedores ambulantes, que ven reducido su ámbito laboral, por lo que se puede adquirir los productos habituales. Además funciona un parador con platos típicos y bebidas frescas.

Cuando baja la marea se descubre que en realidad la porción de arena es de unos pocos metros, porque después se extiende una extensa restinga, como un interminable playón de roca pulida por la embestida de las olas.

Costo: las donas, churros y tortas fritas aumentaron 20 pesos la docena con respecto al año pasado.

Piletas

Entonces aparece una de las mayores atracciones que ofrece el balneario: las piletas que años atrás fueron cavadas en la superficie con máquinas viales. Hay de distintos tamaños y formas.
Desde lo alto, a medida que se retira el mar, se pueden distinguir las cavidades por los diferentes tonos que adopta el océano.

Ya en bajamar es fascinante hacer el recorrido caminando por la misma playa. Primero aparecen las cuevas o grutas cavadas en el acantilado, que le dan el nombre al balneario.

Allí también, entre lagunas y charcos, se diseminan grandes trozos de roca que alguna vez se desprendieron del accidente costero y le dan mayor atractivo al paseo.

Son instantáneas que se ven y luego desaparecen de acuerdo con el movimiento del mar. Es una impronta típica de un balneario único como Las Grutas.

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