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Se cumplieron 100 años de la radiofonía en la Argentina y en todo el país se hicieron homenajes para recordar a aquellos pioneros que trazaron un rumbo a través de este medio de comunicación que con los años fue tan masivo como maravilloso.
En Neuquén, las radios locales también realizaron programas especiales y menciones sobre el tema, especialmente en LU5, la primera en este rincón de la Patagonia.
Y como hombre de radio que alguna vez fui, aunque todavía sigo colaborando, en esta querida emisora me hicieron una entrevista, como a tantos que pasaron por sus micrófonos, para recordar aquellos buenos tiempos donde la mayoría de los programas se hacían de manera artesanal.
Tuve la suerte de ser testigo de ese paso de la radio analógica a la digital, y tuve también el privilegio de trabajar y conocer a grandes profesionales como Osvaldo Arabarco, Aníbal Forcada, Milton Aguilar, Tito del Vo, Clelia Valmer, Osvaldo Malbrán, por citar algunos entre tantos que dejaron huella en la radiofonía local.
Inevitablemente se me vinieron a la mente las imágenes de las viejas máquinas de escribir, de la insoportable Teletipo, de los equipos de Handy para poder transmitir, de los cassettes y las “cintas abiertas” y –por supuesto- de tantos guiones que se escribieron durante horas para poner al aire un programa. Trabajos de artesanos que se hacían con un enorme profesionalismo.
Y en esa cálida entrevista me preguntaron –inevitablemente- cómo era la radio de antes comparada con la actual.
Les respondí que era distinta, ni mejor ni peor. Pero sí les aseguré que era mucho más nostálgica, seguramente más mágica e increíblemente romántica.