La campaña con vistas a las elecciones del domingo 22 llegó en las últimas horas a su punto más dramático. Planificado o no, el conflicto con las empleadas municipales cesanteadas llevó a la administración de Horacio Quiroga a mutar la relativa tranquilidad con la que aguardaba los resultados de las urnas a una preocupación incómoda y difícil de digerir.
Quiroga no esperaba llegar a este punto. Ayer intentaba explicar, por todos los medios a su alcance, que las personas que reclaman no tienen nada que reclamar porque la relación laboral terminó con el vencimiento de los contratos. El líder local de Cambiemos acusó a todo el mundo de fogonear el conflicto: al MPN, a ATE, a los partidos de izquierda y hasta lamentó que su jefe de Gabinete, Marcelo Bermúdez, no haya podido mirar en tiempo real los goles de Lionel Messi en Ecuador por intentar en vano una salida a la protesta el martes hasta altas horas de la noche.
Insistió a la Justicia a que saque a las manifestantes, se quejó de la supuesta inacción del Gobierno en el tema y atribuyó haber llegado a este punto a los candidatos opositores que fueron hasta las escaleras de la Municipalidad a solidarizarse con las desesperadas mujeres.
La crisis tuvo un origen político en una polémica modalidad de contrataciones que se plantea en el Municipio y que será necesario revisar. La salida a la crisis, por tanto, debería ser política y no judicial como otras protestas en la ciudad en las cuales el intendente pidió el uso de la fuerza para aleccionar a los manifestantes. Esa receta, además de peligrosa, no ayuda a cambiar las cosas, por más que algunas metodologías de reclamo le provoquen urticaria al intendente.