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Una travesía para conocer los secretos que esconde el mar

En Las Grutas, la bajamar genera formaciones rocosas y lagunas de diversos tamaños.
Las grutas
La bajamar concede en Las Grutas grandes extensiones de arena para la comodidad y el disfrute de los turistas. 
Pero también descubre formaciones rocosas denominadas restingas, que albergan en sus resquicios un ambiente natural muy rico, con una gran diversidad de flora y fauna.
El sector más visitado es el ubicado entre la Tercera y la Séptima Bajada. Allí, el terreno es irregular y se forman lagunas de distintos tamaños, denominadas pozas en el mundo científico, donde macizos de algas coralináceas de colores llamativos, que se convierten en refugios de pulpos, cangrejos, camarones y peces como sargo, cabrilla, mero, pejerrey, pez gallo y lenguados.
Para los residentes y turistas, el entorno se transforma en un paseo obligado que se convierte en una aventura para quienes poco conocen del mundo marino. 
La superficie está cubierta de pequeños “mejillines” y otro crustáceo conocido como “diente de perro” o “picororo”, por lo que es aconsejable emprender la travesía con los pies calzados para no sufrir dolores a mitad de camino que pueden convertirse en una molestia a la hora de regresar. También se pueden evitar resbalones que suelen terminar en caídas dolorosas.
Se pueden caminar cientos de metros entre las charcas y las sinuosidades del accidente costero, y a cada paso habrá algo que llamará la atención.
En la parte media de la gran restinga se encuentra la laguna de mayor tamaño, donde es gratificante instalarse a la orilla con reposeras y disfrutar de las aguas encerradas que adquieren calidez con el correr de las horas. Si bien en contados puntos la profundidad supera los 80 centímetros, el lugar es propicio para practicar esnórquel, la modalidad de buceo que utiliza un visor y un tubo para respirar.